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jueves, 11 de enero de 2018

MOSCAS DE INVIERNO

 Las moscas aparecieron por diciembre. Encontraron un hábitat exacto en los botes de mermelada de melocotón de Mercadona y acabaron siendo plaga de barriadas. Viajan dentro del autobús, sobre los aires acondicionados o en cualquier sobaco sudado. Están en  bares, ocultas dentro de las ensaladillas rusas, los calamares a la romana, los huevos rellenos de atún con tomate. Moscas en mostradores, en cajeros, en las orejas de los perros del parque. 
Vino la policía a no se que historias cotidianas sobre pedigüeños que se apuñalan o vecinos que venden hachís malo en las bancadas de la plaza. Vinieron con moscas en sus gorras, cartucheras, en la pegatina facha de banderita española de la pipa, en los laureles de sus galones.
 No existen antídotos, si mueren, renacen; es un ciclo- bucle fantástico que empieza a preocupar a las autoridades, máxime cuando al hablar, alguna voladera asustadiza intenta colarse tráquea abajo usando sus lenguas como trampolines. Ahora mismo, tecleando, he dado muerte a cinco aladas y negras moscas. No quiero que aparezcan en mis sueños. Pero por desfortuna, siempre están. 


jueves, 28 de diciembre de 2017

MOSCAS


El agricultor fabrica trampas con botellas pequeñas de plástico. Perfora un lateral con minúsculos agujeros, introduce restos de bacalao seco en su interior y los cubre con agua. Después cuelga en ramas del frutal el habitáculo. Las moscas enseguida reaccionan, el perfume las atrae sin especulación posible. Y entran en la guarida desde las minúsculas puertas habilitadas. Una vez dentro, liban hasta el hartazgo. 
Las moscas tienen sólo una salida. No recuerdan desde dónde vinieron, ni analizan como salir. Por eso ascienden y chocan con el tapón azul del plástico y revolotean y caen extenuadas al pringue,..... y se ahogan. Así de simple.
Sobre estas variedades artesanales (botellas de agua llenas de moscas muertas colgando de perales y manzanos) hablamos ayer sin dilación. Mi extrañeza siempre va más allá. Los hemisferios cerebrales de las moscas responden a otros estímulos, nada que ver con la zootecnia al uso: estímulos nerviosos sujetos a genes determinantes. 
Yo se, lo he contado muchas veces, que la Drosophila puede desaparecer en las paredes de los botes de vinagre. Conozco también a moscardas azules que lejos de reventar contra los cristales en primavera, los atraviesan reduciendo su energía impactante y lanzando un órdago a la física común. Impactos de invisibilidad y mundos paralelos donde los dípteros vienen y van sin consideración.
De estas cosas hablábamos un rato. También del fin. 
 El fin es algo que sobrevuela diferencias como las moscas sobrevuelan el olor a bacalao pútrido. Aún así ofrezco resistencia, guerra de guerrillas, estrategias avanzadas de asalto al emboscado. Algunas veces veo que mis hemisferios cerebrales son similares a los de las holometábolas y levanto vuelo siempre directo al tapón azul de plástico para caer y perecer ahogado en el fanal biológico.....
No hay trampas posibles, todo brilla en la conversación de espumas. No muy lejos, si medito, un puñado de moscas revolotean buscando salidas en los cristales.


domingo, 24 de diciembre de 2017

UN PÁJARO EN EL SALÓN

Un pájaro se confunde y entra en el salón revoloteando asustado sobre pilas de libros y ceniceros llenos de colillas. Hay algo que no entiende, tal vez la mosca invisible a la que perseguía lo ha engañado y atraído hacia esta inexacta prisión color día.
No hago nada, sólo observar. El pánico primero, (oigo su diminuto corazón latir a toda velocidad), da paso al descanso e imagino, (desconozco si los pájaros conocen la técnica hipoventiladora), que inquieto apercibe sus dos fracasos: la mosca invisible no está y el salón, un enorme espacio extraño repleto de papeles y olor a tabaco rubio, no tiene nada que ver con la fronda donde habita. Las ramas son aristas oxidadas de celulosa oxidada y los brillos embaucadores pertenecen a dos bolígrafos dejados sobre el escritorio, a su vez lleno de cachivaches, pequeños fetiches que inspiran al escribidor, dígase una calavera de porcelana, trilobites y amonites, un bivalvo, otro coral robado del agua submarina.
El pájaro salta mirándolo todo, sobre todo a mí, que desnudo y envuelto en humo debo de parecer un ser de las tinieblas, del infierno ornitológico, del averno jodido en el que creen sus antepasados.
Sonrío mientras evaporo nicotina de mi cerebro. Está posado sobre un tomo de sociología: “La situación social en España”, informe procedente del programa en políticas públicas y sociales de la fundación Largo Caballero. Picotea el ave la foto de portada: le sabe raro, nada que ver con la mosca invisible que lo trajo al laberinto.
Esta situación matinal produce rarezas. Repasa “Cuadernos de Hiroshima” y ante las notas musicales que emite el ordenador, (jazz triste para irse muriendo poco a poco en las mañanas de otoño), mueve la cabeza nervioso. Es literario el intruso, Curiosea las cubiertas de Piglia, Borges y Rivera Letelier. Ojalá no llegue a Delibes, éste es capaz de soltarle un escopetazo cinegético, que Delibes era castellano del campo y la perdiz….. ¿sabrá acaso que son las perdices?. Más bien semeja un ejemplar de ciudad, nato en un parque público lleno de palomas y gorriones. De Letelier vuela hasta Primo Levi Auschwitz y desde allá, en un instante de atención suprema, hasta la luz que entra por el balcón (acabo de abrir las ventanas). Señalo la salida, vía única del sol. Afuera esperan los suyos, libertad de aire e insectos imposibles a estas horas.
Parece comprender. Dudando, planea hasta un diccionario de dudas e incorrecciones del lenguaje para, asegurándose, salir por el ventanal aún con el miedo en el cuerpo. Ocurre una curiosidad, no se si lo estoy inventando o si ha sido tal y como lo cuento. El animal se posa en la barandilla atendiendo a la calle. Ladea su cara y me mira. La mirada de los pájaros es extraña y concluyente, a la postre sus antepasados fueron dinosaurios de ojos profundos. Por fin abre sus alas.
Aparece un cardúmen de moscas invisibles prestas a guiarlo. Se hincha y desde dentro de su miedo brota otro ser grande con plumas de acero, pico curvo y garras de león.
Sin dilación, retoma el vuelo hacia los sauces llorones del bulevar.