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lunes, 5 de febrero de 2018

EL DEDO

Tengo un dedo herido desde hace  semanas. Tuvieron que coserlo, algo leve, dos puntos interiores y otros dos exteriores, sutura de combate.
 Creo que ha acabado infectándose. Escuece y duele. Lo he destapado de sus apósitos y una suerte de blanca  mezcla brota  entre las costuras. El dedo lo noto hinchado y tieso, no puedo doblarlo, absolutamente inflexible.
Desde ayer advierto que no huele bien y que se ha amoratado por minutos. Dudo bastante. No sé si ir al médico o seguir así, a la postre me quedan otros nueve que uso con absoluta normalidad.  
Caso de decidirme por la visita al doctor, temo que éste se vuelva a enfadar conmigo. Ya pasó algo parecido cuando tuvo que amputarme el pie derecho. 
Los mantendré informados.


martes, 16 de enero de 2018

EL ACCIDENTE DE AVIACIÓN

En su turno Bienvenido barre una de las aceras de salidas de la terminal. Le disgusta el trabajo, pero es un trabajo.  Bienve, así lo llaman los amigos, empuja un carro de limpieza con una bolsa negra de plástico.
Esa calle del aeropuerto internacional es rápida, solo pueden aparcar los taxis autorizados. Aparcar, recoger ingleses y zumbar hasta el destino más próximo. Poco que contar, ninguna anécdota apenas. Limpia los ceniceros, las papeleras, mira a turistas borrachos, vienen a disfrutar de sol, playas, discotecas, alcohol y sexo. Ayer un tipo en mangas cortas, (hace frío), lo saludó hablando no sabe que cosas en  su idioma. Tenía tatuado el escudo del Celtic de Glasgow en la cabeza rapada. 
Bienve barre aislado, salvo contadas excepciones. Los auriculares de su mp4 suenan increíbles.  Lleva toda la mañana oyendo a los Dire Straist .
En otro lugar de la terminal hay un aviso de mal aterrizaje. Un Boeing procedente de algún sitio tiene problemas. Se han activado los correspondientes protocolos. Los bomberos lanzan veloces sus camiones por las pistas. Entre ellos uno de cuarenta y nueve toneladas que acelera de cero a ochenta y un kilómetros por hora en veintiún segundos. Alta tecnología alemana.
Entra en pista  doblando la proa. Mal movimiento, una de las alas roza el asfalto y se incendia por la fricción. Antes de apurar la frenada, parte del fuselaje es pura llama. Ocurre lo peor. Sirenas, carreras, fuerzas de seguridad, ambulancias. El Boeing arde como una hoguera en san Juan.
Barrer es aburrido, además, esa parte aeroportuaria es otro mundo. Parecido a una estación de ferrocarril rural. Hoy, Bienve sonríe, en una papelera han tirado un consolador grande. Cosas de las despedidas de solteras inglesas. Cuatro donuts de chocolate y un consolador de goma enorme. Lo guarda en un compartimiento del carro de limpieza. Seguro que más tarde bromeará con algún compañero. 
Que grande Alan Clark en los teclados. Quince años estuvo con la banda. Suena "Brothers in arms"... "Hay tantos mundos y tan diversos, muchos soles todos diferentes, y tan solo tenemos un mundo, pero cada uno vivimos en uno diferente". Alguien intenta decirle algo pero no puede oírlo, los Dire concentran toda su atención.
En las pistas han salvado a unas cuarenta personas. Pero hay otra ciento diez achicharradas. Los planes de evacuación parecen sincronizarse, aunque las prisas hagan parecer que reina el caos. A estas horas ya es noticia de primera página, televisiones, periodistas, fotógrafos y agentes de viaje empiezan a llegar al aeropuerto internacional.
Bienve ve aproximarse a un compañero, abre el compartimiento del carro de limpieza e intenta enseñarle el consolador. Cuando se quita los auriculares oye al otro explicar lo del accidente. Con razón huele a goma quemada, aunque aquí, en esta acera de la terminal, las pistas están a dos kilómetros, es otro mundo, otro espacio. Por eso, después de escuchar toda la novedad, de bromear con el dichoso dildo de goma, vuelve a la música y la escoba. Quedan cuatro horas de turno. Suena Mark Knopfler. Por encima de la techumbre una columna de humo negro se pierde en el cielo azul. Dos aviones siguen dando vueltas en círculo.






viernes, 5 de enero de 2018

INCAPACIDAD


Por culpa de un accidente me he convertido en manco funcional. Escribo con un dedo, dos a lo sumo. Tecleo  tic tac de reloj, tic tac de pauta básica. He aprendido a vestirme con una mano, a abrocharme el pantalón y los botones de la camisa con los dedos. A ducharme y asearme con la misma extremidad. A fregar los platos mañosamente.
Con un poco de práctica está empezando a gustarme esta incapacidad. Así que, por igualar, he decidido lesionarme el pié contrario a la mano accidentada. Cojeando, renqueando más bien y con el brazo en cabestrillo, compenso la ley gravitatoria del cuerpo con el vaivén de mis movimientos. La gente vuelve la cabeza mirando tan elegantes pasos oscilatorios cuando paseo por las avenidas. Creo que estoy marcando tendencia, aunque, como me gusta esta nueva sensación considero que tal vez debería de inutilizar alguna otra parte de mi cuerpo, por ejemplo, un ojo. De esta manera la relación anatómica rozaría la perfección estética. 
Ya les contare.

martes, 2 de enero de 2018

VISIONES COTIDIANAS

Comenta Melville en la triste historia del escribiente Bartleby, como andando por la ciudad divisó a un hombre en una ventana. Preso en la tormenta de un rayo feroz, quedó negro y azul, carbonizado, en la misma posición sorprendido. La imagen, espectacular y apocalíptica, estuvo durante horas sujeta a las inclemencias del horrible aguacero que esa tarde agónica había sorprendido a los habitantes de la villa. Y en la llegada de la bonanza, cuando intentaron recomponer el cadáver apoyado en el mirador, aquél se deshizo en cenizas y briznas de carne quemada, cayendo al exterior trozos del cuerpo asado. Recuerdo esto contemplando el rescate de un trabajador muerto en instalaciones de alta tensión, doblado sobre sí mismo y el arnés, morado, espumajoso, descendido desde su infierno particular por los bomberos, directo al furgón mortuorio.