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jueves, 25 de enero de 2018

LOS AMIGOS TE LEEN

Te leo, dice un amigo. Eso significa que entra en el blog y se atreve a comprenderte. Es difícil que los amigos te comprendan, sobre todo porque te conocen. Pero la suerte del escritor es poder ser otros, desabrochar la cremallera de su mente podrida y salir de sí mismo para enseñarse. Sé que en muchas ocasiones empeora la situación, pero al leerte o al leerlos, nos metamorfoseamos de renacuajo a sapo y de sapo saltarín a sapo parlanchín. Y todo, sin perder el equilibrio en la ciénaga. De ese modo, agradezco a los amigos sus lecturas. Deberías de ponerle al blog algo más de ánimo, fotos de tías en pelotas, por ejemplo. Lo comprendo, quizás también están, lo que pasa es que no sabes verlas, suelo contestar recordando a Dalí, la virgen y la balanza. (No me irán a decir, dijo el genio a un jurado ante su pintura, que no ven a la virgen. Los catedráticos estupefactos, contemplaban una balanza romana). 
Yo escribo balanzas romanas, asesinatos crueles, besos de papel y mala leche de vaca montañesa. Escribo mujeres desnudas, asnos muertos, suicidas de mentira y vírgenes putas. Te leo, dice un amigo con cara de fin de mes. No tengo un euro, le advierto, sabiendo la deriva de semejante conversación. Èl sonríe y vamos al bar dónde nos fían. 

domingo, 21 de enero de 2018

DIARIOS Y BLOGS

Me interesan algunos diarios. El de un náufrago de Gabo, los de viajeros como Byron, Constant o Vigny, Handke con su peso del mundo, el de Kafka, Ana Frank, los insolentes, Juan Ramón Jimenez contando su vida de poeta recién casado, el breve apunte de Umbral o el de Kolvstov y su guerra de España. También Defoe en 1722 escribió sobre el año de la peste. En 1920 Isaac Babel hizo el suyo. Letras de guerra contra la guerra y para la guerra. Para bellum. Anotar día a día lo que pasa por la vida de uno, que suele ser casi nada, o en todo caso muchísimo, es un tema crispado. Un ejemplo: diarios del corredor de la muerte. Condenados a morir electrocutados, en cámaras de gas, con inyección letal, quizás fusilados, tal como recientemente ha ocurrido. Pero les decía que me interesaban los diarios. De estructura simple y sujetos a la variación de los días. Aunque que cada jornada nos parezcamos menos al que dejamos atrás ayer.
Un blog, bitácora, es casi un diario. Una suerte camuflada de reflejo cotidiano. La única diferencia es que te permite trabajar el texto con menos hermetismo. El blog, los blogs, si quieren, acaban convirtiéndose en una razón para ejercer este oficio de juntaletras. Juntacadáveres de letras palmatorias. Cuando leo algunos, quedo sorprendido por la belleza que encierran. O por su lucidez. Hasta los más pulcros guardan una estructura de miel que atrapa al lector. Otros, evidentemente, son lo contrario: malos diarios, ausentes de expresividad. Hueros, huecos.
Esta mañana, en mi locura particular, desayuno con algunas páginas escritas hace siglos. Veo como, en lo consustancial, seguimos siendo los mismos, con grandes pulsiones sujetas al destino. El autor del diario escribía con tinta de calamar a la luz de cirios de sebo y uno escribe con un teclado ultra rápido. Pero a los dos nos duele lo recóndito, nos preocupa lo inconcluso, nos atemoriza el vértigo. Siglos, diarios y blogs.