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domingo, 4 de febrero de 2018

LEYENDO SIN MORIR EN EL INTENTO

Me he escapado de la lectura sólo un rato. Deben de ser los astros que andan invertidos, el polo sur en el norte o el norte en el sur. O debe de ser la luna, que desde el mar de la tranquilidad ejerce presión contra las mareas interiores de mi cerebro. Digo que me he escapado porque últimamente soy cautivo de varios autores. Los más antiguos hacen mella en el corazón, pues, inesperadamente, me he vuelto a reconciliar con ellos. No tiene mayor mérito, aunque descubro que lo que había leído cuando yo era otro era también parte del otro.
 Con respecto a los que no son tan nuevos, llegan a fascinarme tanto que siento preocupación. Preocupación y pesadillas en noches de difícil digestión. Cualquiera que ose destripar a Vila Matas, por ejemplo, sabe lo que cuento. Héteme navegando en un maremoto literario barrio bajero. Camús, Sartre, existencialistas de mi juventud, (¿pero tuve alguna vez juventud?), versus Bolaño, Fonollosa, Vila o Padura, autor de novelas negras y perfeccionista en "El hombre que amaba a los perros". Fumo sin fin aspirando artículos y apuntes perdidos..........
 Camino por la literatura extrañamente, tengan en cuenta que el ensayo y la historia ocuparon gran parte cuando fui otro distinto también al otro del que les hablaba antes. 
Kafka es uno de aquellos añejos amigos que vuelve a ocupar mesita de noche. Mentira, mi mesita de noche es una base etérea compuesta por el libro de los seres imaginarios de Borges, un bestiario medieval , Simenón con sus Fantomes du Chapelier, y tres enciclopedias dedicadas al bombardeo de Dresde. Mentira ítem más: mi mesita de noche son aviones de la Raf, huidas de Veracruz, poemas de orín con fuego de Panero y algunas lágrimas de presbicia y pena.
 Ya digo que me he escapado un rato de la lectura, aunque sus cornetas tocan a filas. Vuelvo al submundo donde convivo con todos los otros que he mencionado. Yo mismo después de no ser nadie. 



jueves, 25 de enero de 2018

LOS AMIGOS TE LEEN

Te leo, dice un amigo. Eso significa que entra en el blog y se atreve a comprenderte. Es difícil que los amigos te comprendan, sobre todo porque te conocen. Pero la suerte del escritor es poder ser otros, desabrochar la cremallera de su mente podrida y salir de sí mismo para enseñarse. Sé que en muchas ocasiones empeora la situación, pero al leerte o al leerlos, nos metamorfoseamos de renacuajo a sapo y de sapo saltarín a sapo parlanchín. Y todo, sin perder el equilibrio en la ciénaga. De ese modo, agradezco a los amigos sus lecturas. Deberías de ponerle al blog algo más de ánimo, fotos de tías en pelotas, por ejemplo. Lo comprendo, quizás también están, lo que pasa es que no sabes verlas, suelo contestar recordando a Dalí, la virgen y la balanza. (No me irán a decir, dijo el genio a un jurado ante su pintura, que no ven a la virgen. Los catedráticos estupefactos, contemplaban una balanza romana). 
Yo escribo balanzas romanas, asesinatos crueles, besos de papel y mala leche de vaca montañesa. Escribo mujeres desnudas, asnos muertos, suicidas de mentira y vírgenes putas. Te leo, dice un amigo con cara de fin de mes. No tengo un euro, le advierto, sabiendo la deriva de semejante conversación. Èl sonríe y vamos al bar dónde nos fían. 

jueves, 11 de enero de 2018

HEMORROIDES Y LECTURA


Al parecer el doctor Gutman, de Ohio, una autoridad en hemorroides, publica en su web que la sana costumbre de leer en el váter es pernicioso para las susodichas. Estar sentado sobre la taza porcelánica occidental resulta  altamente agresivo para las inflamaciones de los globos o cojines incrustados en la pared anal. El caso es que leer, así tal cual, nos retiene nocivamente en semejante posición hasta acabado el artículo, tal vez el capítulo y quien sabe, en algunos extremos casos, el cuento entero.
"Cultureta de váter" es el término acuñado en esta zona del mediterráneo para semejante práctica, por otro lado sumamente extendida. Yo mismo dispongo de un banco pequeño repleto de revistas y libros de arte para el momento de la suma ejecución. No hay nada más didáctico y reconfortante que comprender a los demás mientras uno evacua ideas contenidas. Ayer leía, me explica un colega ante el cual comento este asunto, a Benjamín Prado, sentado en el trono. Por casualidad había tormenta. Se fundieron poesía, excrecencias y truenos, en una triada mágica, subliminal, apoteósica. Y es que este colega es muy suyo y muy dado a las resoluciones escatológicas, cuestión por otro lado, altamente levantina. Entre hemorroides anda el juego. El doctor añade la lectura a diversas causas: mala alimentación, excitantes naturales y artificiales, pantalones estrechos, etcétera, etcétera.
 De momento decido seguir leyendo, (las mejores piezas sueltas de la literatura las he devorado en el váter) y decido conservar este espacio como segundo despacho. Las almorranas, pues, deberán esperar otra ocasión. Tal vez cuando me decida a leer las memorias de Aznar, ese gran hemorroidinámico de nuestro tiempo.






miércoles, 13 de diciembre de 2017

CONSEJOS PARA LEER UN CUENTO

Siéntese en un butacón sin nada más alrededor que usted mismo, preferentemente con luz blanca mortecina y varios libros apoyados en la cabeza y los codos. Verá que el cuento que ha de leer es corto, cuento degollado con plumas de ave dando vueltas en el aire imaginario de sus escenas. Tenga cuidado, no se deje llevar por el instinto de relax, no se fie del autor ni de los personajes si los hubiera. Hay autores que escriben cuentos donde no hay personajes, eso es lo peor, acaban devorándote, disolviéndote poco a poco. Es casi como caer dentro de una licuadora, literaria, por supuesto. El cuento no debe de tener más de tres páginas para ser leído y debe de gozar de título apropiado. Soñar leyendo cuentos es por ejemplo, acertado . Recuerde lo que pasaba en un texto del gran Cortázar. Si caías a las tres de la mañana en una línea determinada morías. Como usted está sentado con el libro abierto en un butacón sin nada más alrededor que usted mismo, intente dominarse. Que el uno no acelere al otro. Estaría mal que acabaran la lectura a destiempo.................... A mi modesto entender, una tarde fría, mientras leo un cuento.