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viernes, 19 de enero de 2018

CORAZONES

Coleccionaba corazones, que fácil y práctico, en poquito  acariciaba y a la mínima ya apoyaba su oreja en el pecho. Palabras mojadas, (brotaban gotitas pequeñas de saliva mojando el cuello). Suspiraba, ufff, que suspiros sostenidos, ensayados, tórridos.
Luego, con la uña del dedo rascaba poco a poco, abría  una grieta, lamía la sangre, hurgaba entre las costillas la caja torácica y, pinchándolo como un gusano enroscado en su anzuelo doble, extraía el corazón. 
Coleccionaba corazones, que fácil y práctico, el mío, tan tonto,  también.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

CORAZONES

Dentro del útero nuestro principio de corazón es el mismo que el de cualquier gusano. Muta a corazón de pez, más tarde anfibio y reptil, para, sin más, convertirse en corazón de persona y de cerdo. Los dos son idénticos, músculos perfectos de bombeo, tira fibrilar enrollada sobre sí misma helicoidalmente. Entre un gusano y un cerdo la evolución ha querido desviarnos por senderos antónimos, de todos modos, como pueden sospechar, el interior de los seres no difiere mucho. Conozco a algunos y algunas que son auténticos gusanos, reptadores, procesionarios, babosos. Otros otras, ustedes lo saben bien, tienen corazón de pez, cerebro de pez y cara de atún, y los más, reptan entre dos aguas o se llevan perfectamente con porqueros, acostumbrados como están a dormitar en pesebres de inmundicias. Dentro del útero todo es relativo, universo definido y exacto de proteínas, vitaminas o elementos químicos que definirán quienes somos, a donde vamos y que malísima gente seremos. Mi corazón de cerdo, antes gusano, está herido de guerra. Una flecha rota de sioux combativo se clavó en el lateral. Por eso.