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domingo, 14 de enero de 2018

LA CONSCIENCIA EN LA DUCHA

Entro en el baño y miro el espejo. Me doy cuenta que el tipo que está dentro, barbado y con cara de sueño, con legañas y ojeras incipientes no soy yo. Repito la escena.  Camino hacia atrás por el pasillo hasta la cama. Vuelvo a acostarme y vuelvo a levantarme. Entro al baño y miro el espejo. El desconocido sigue ahí, haciendo los mismos gestos, imitando las muecas. Decido entrar en la ducha caliente. Froto con espuma de gel el cuerpo, hasta culminar en ombligo...........
 La habitación se llena de vaho, así que salgo de golpe del agua y limpio de neblina el espejo. Nada. El tipo continúa, ahora desnudo y mojado. Lo miro de arriba abajo y me mira de abajo arriba. Es evidente que no soy yo, sin embargo parece que llevamos juntos muchos años. Mierda de día. 




martes, 9 de enero de 2018

EN LA DUCHA

Un hombre de sesenta años está en el cuarto de baño frente al espejo. Oye por la radio un partido del Barça mientras piensa en la intrascendencia de la vida y la muerte y se mira reflejado desnudo.
 Empieza afeitándose la barba canosa y dura, que pica como cuando era un adolescente. Elige patillas anchas y perilla, elige apurar en torno a los pelos furibundos que se rebelan contra él. En la nariz, dentro de las orejas, en las cejas desordenadas. Siempre ha pensado, incluso cuando no pensaba, que es otro. Que él no es él, aunque se reconozca en imágenes, en fotografías ajadas, en gestos de sus hijos. Mierda biológica, capaz de contaminar para siempre a generaciones venideras.
 Se ha cortado un poco con la maquinilla de afeitar y ve en el espejo correr sangre desde el cuello hasta el pecho. Un hilito rojo que se desliza por el mapa de la piel. Pecho, barriga ondulada, ombligo; fino hilo rojo que parte y acaba, que se enturbia con el agua templada o languidece cuando aprieta con el dedo. Suena gol en la radio y el hombre mirando al otro, al que no considera él, se alegra. Decide entrar en la ducha. Entretiene el instante con el gel perfumado, con las pompas que se escapan del tarro rosa de peuvecé.. Definitivamente se seca con una toalla  pensando en despedirse del otro, del ser que siempre, en la soledad del baño, parece que es el que ocupa su vida.



jueves, 14 de diciembre de 2017

FALSIFICACIONES VARIAS

Imaginemos un instante que alguien no es quién dice ser. Platón, en cierto modo, intentó explicarlo. Internet, red atrapa mosquitos, es un terreno abonado para la falsificación de uno mismo, de hecho, más que un terreno, es el terreno.
 En la vida real, dicen los periódicos, una mujer se hizo pasar durante años por médica de urgencias. Médica sin carrera y con nómina, afable, servicial, humanamente científica. La vida real tiene esas irrealidades. El imsalud contrata médicos que no lo son, la benemérita directores que tampoco y los museos, por ejemplo, copistas que falsifican y que nada son. Internet es el reino de la mentira, sin contratos, libre, la jungla virtual, el show de los Trumans que pueblan este mundo absurdo que no sabe dónde va.
 Yo mismo, lo confieso, no soy posiblemente quien digo ser. Me refugio en fotos que podrían no ser mías, en letras que seguramente he robado a otros, en un mundo ajustado, amarrado a lo que me interesa que los demás imaginen. Estoy convencido que a usted le pasa otro tanto: usted es quién desea ser, no necesariamente quién es, porque no le gusta, ni quiere ser ese que por narices acaba delante del espejo señalando. Los avatares se usan como táctica de camuflaje: ante la soledad interior del rostro seco surge el símbolo sol que ilumina las ideas del otro. Definitivamente el mundo de las falsificaciones es paralelo al de los falsificadores. Cada cual se falsifica a sí mismo, se replica, intentando ofrecerse amparado en el engaño. De tal manera: yo soy obra de tres personas. Ni me llamo como digo, ni escribo lo que digo.
 Soy simplemente un experimento que pertenece a un aula, donde unos señores intentan sacar notas para obtener éxito en sus tesis. Las tesis, claro está, son falsas.