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sábado, 23 de diciembre de 2017

COSAS PARA LEER

Me han regalado un estudio sobre neutrinos, sustantivo "moderno" puesto en boca de millones de personas sin conocimiento. A mí me parece agradable que me regalen estudios en general. Toma, lee esto: "Trancesdencia de la alimentación  fast food en la mosca del vinagre", y se quedan tan panchos, sobre todo porque saben que he jugado mucho tiempo con las posibilidades literarias de la drosophila melanogaster.
Con los neutrinos pasa otro tanto, he ido deshojando margaritas subatómicas a bases de pensamientos hasta llegar a los fermiones y los bosones, partículas elementales de la naturaleza que alimentan cualquier especulación mágica, la muerte misma, los viajes a la nada y otras zarandajas filosóficas difíciles de someter a juicio, asunto por el que los paranormales, yo los llamaría anormales, andan expectantes a ver si les cae un ectoplasma de Belchite, pueblo donde Franco y sus facciosos se cebaron hasta la desolación. Los neutrinos poseen una masa nula, diez mil veces menor que la del electrón. Eso los faculta para ser materia oscura del universo y para viajar a velocidades supersónicas, quién sabe, caso de corroborarse, superior a la de la luz. Mis regaladores son jodidos pues conociéndome saben que estaré unas semanas dándole vueltas con aplicaciones de física que no alcanzo a comprender, simplemente porque me detengo en la antimateria filosófica y eso hace que acabe en submundos paralelos, una suerte de no ser mientras somos que me facilitan la labor de escribir. En otra ocasión dejaron en el buzón una serie de notas sobre la refracción de la luz, sobre arcos iris, spectrum dixit, y sobre la doble vida sexual de Newton. Y es que la gente que me rodea cree que uno cultiva todo, estando en lo cierto relativamente, tan relativamente como la teoría de la relatividad, fórmula exacta de firmeza inalterable. 

PRENOCHEBUENA


Una zambomba procedente de oriente señala el nacimiento de un niño con cara aria. La zambomba deja una estela condensada en el cielo que los palestinos confunden con chemtrails. A los palestinos le suda el carajo las zambombas y los belenes pues ellos tienen montado el suyo propio.
Apoyo el vaso con café sobre una revista doblada encima de la mesa del salón. Nunca he contado que la mesa del salón está repleta de caracolas y órganos de mi dolor sin instrumento. La frase nos la dejó Miguel Hernández antes de morirse de hambre, bronquitis, tifus y tuberculosis en el talego de Alicante. Morirse en el trullo, vaya destino de mierda, morirse con las ideas puestas, enfundadas en un saco y atadas a la espalda, morirse ahogado sin renunciar a lo que cada uno es.
En un nacimiento adecuado a las circunstancias, buey, vaca, perros, gallinas, pesebre, virgen paradójica parturienta, marido descolocado, pastores cagando tras la loma, caballos bebiendo en el río donde beben y vuelven a beber los peces, un arbolito iluminado refleja letras de El corte inglés. Nacimientos con chicas disfrazadas de papa Noel. 
Sí, vale, deliro. No voy a negarlo, me he soltado, zás, y narro imágenes a botepronto, grandes colmados, cochinillos expuestos, foie en las vitrinas, besugos con ojos radiantes. Viandas y viandantes.
¿Saben cual es el comentario general?. Un día es un día y a ti te encontré en la calle. A comer hasta reventar. Polvorones, mantecados, anises, trufas, chocolates... ah, el chocolate. 
Una zambomba brillante sigue en el cielo marcando la ruta de los mercaderes: Constantino, primer emperador cristiano, dio un perfecto golpe de estado. Desde el concilio de Nicea hasta aquí ya ha llovido. Y les ha ido de puta madre, miren sino alrededor de ustedes. Cruces, corderos lechales que quitan el pecado del mundo y buenos licores. 
Mañana nochebuena, el día parece abierto al azul, a pesar de anuncios ciclogenésicos explosivos y otros asuntos baladíes. Hay que acelerar la cena, la grande bouffe , llamar a Michel Picolli y a Mastroianni, dejarlos morir en el váter de casa. 
23 de diciembre...... el dolor disminuye, la amoxicilina hace efectos.

viernes, 22 de diciembre de 2017

CAMINO DE SANTIAGO

Se lo advertí con cariño. Ten cuidado con el auto-conocimiento y esas cosas, a partir de una edad uno ha de ser como es, descubrir lo contrario puede tener consecuencias irreparables. Pero se empeñó.
 Abandonó la vida disoluta entregándose a la meditación. Más tarde letanías, cánticos espirituales y búsquedas del subconsciente. Acabó marchando por  rutas que marca el folclore dedicado a estas cosas. He de encontrarme a mí mismo, me dijo. Debió de hacerlo pronto, aunque es obvio que no le gustó. Antes de arribar a no sé que catedral, apareció en un recodo del camino colgado de la higuera centenaria. Pocos metros allá una venta acoge peregrinos. Todos se buscan a sí mismos, dicen.


CARACOLES Y DESOBEDIENCIA

Es al pedir caracoles con tomate cuando hablo con mis contertulios. Recuerdo a Cosimo Piovasco huyendo de la mesa donde su hermana había servido comida en abundancia. Dicen que ponía colas de cerdo asadas como si fueran rosquillas, que una vez había preparado suculento hígado de ratón convertido en paté, o que adornaba la coliflor con orejas de liebre junto a cabezas de cerdo con la boca abierta y una langosta roja sosteniendo en sus pinzas la lengua del cochinillo. Mis amigos, entre copas, me miran desorientados: ¿qué quieres decir?. Nada, en realidad es sólo una anécdota porque la protesta, negación máxima de Cosimo, su porvenir instantáneo, se precipita como consecuencia al no querer comer caracoles. 
Battista, la hermana, los decapitaba y luego pinchaba cabezas blandas con un palillo en los profiteroles simulando una bandada de pequeños cisnes en la fuente brillante. Dicho así parece macabro. No lo sé, querido, es Italo Calvino el que lo escribe en el "Barón rampante". ¿Sabéis?: Cosimo decidió subir a los árboles y allí se encaramó para siempre, rebelándose contra la familia, máxima institución fagocitadora, igual que el trapecista de Kafka eligió su trapecio, o el señor Bartebly de Melville, la oficina. Formas de desobediencia suprema. ¿Subió a los árboles?. Sí, encaramado en ramas a los doce años. Pasó el resto de su vida y desde allí el mundo giró con él, nunca ajeno. Las invasiones napoleónicas, la revolución francesa... Que cosas tan raras nos cuentas, no tengo ni idea del trapecista de Kafka, ni sé quién era Bartebly, ni, por supuesto, conocía la historia de Cosimo, lo que sí sé, no lo dudes, es que se me han quitado las ganas de comer caracoles. Y sorbiendo el último, bebe un trago de vino.

ALIMENTACIÓN CONTAMINADA

Se recomienda a las embarazadas no comer atún, a los bebés no comer espinacas ni acelgas y a los demás no comer las entrañas del caparazón del centollo con vino de jerez y cuchara. Los atúnidos, tiburones o peces espadas poseen un elevado contenido de mercurio, las hortalizas un desaforado incremento de nitratos y los centollos mucho cadmio. Sobre este crustáceo, termino de leer a Cunqueiro, cosa que recomiendo. Su nombre científico, (centolla vulgaris) es Maia, la más hermosa de las Pléyades, estrellas que se llamaban así por ser hijas de Pleone, que las tuvo de Atlas. Las Pléyades matutinas avisaban a los viajeros griegos del tiempo para navegar. Por eso, cuando me dicen que el cadmio se ha apoderado de los centollos de mi alma, siento una cierta desazón, aunque uno, que es de letras, no sepa bien lo que es el cadmio y ni siquiera recuerde el sabor centollil, especie de marisco que debido a la crisis permanente no pruebo desde 1979. El atún, pescado azul tan recomendado, tan perseguido y esquilmado por la flota japonesa, resulta contener altas dosis de veneno.
La cadena alimentaria es lo que es. Comemos, cagamos y abonamos con nuestras heces los alimentos que comerán los inferiores en la escala evolutiva. De hecho no arrojamos sólo heces, también detritus en forma de bolsas de plástico, celulosas, boquillas de tabaco o latas de cerveza sin mensaje. Ellos, los animales que comen nuestra inmundicia, se vengan devolviéndonos porquería. Todo está revuelto, los transgénicos,  la carne vacuna, ovinos desmineralizados, los conejos super pobladores o mi primo el atún, monstruo que llega a pesar más de trescientos kilos sin contar el mercurio ni las latas en conserva que conlleva. De momento voy a comer  un manojo de espinacas de Popeye y.... fruta, ya digo que el centollo, (oh maravilloso cadmio, poséeme¡¡¡), no lo cato desde la prehistoria.



jueves, 21 de diciembre de 2017

DELANTE DE LENIN

El primer trago de vodka sabe a rayos. El segundo  anestesia la lengua, el tercero empieza a despertarme. Imagínate, los músicos de la orquesta del teatro Bolshoi mojando las boquillas de sus instrumentos con vodka. Estábamos a treinta grados bajo cero. Sonó la Marcha fúnebre de la Sonata nº 2 de Chopin, al principio descompensadamente. En un instante encajó perfecta. Era 27 de Enero de 1924. Trasladaban al camarada Lenin a su mausoleo provisional, todo de madera de roble y haya. Nunca tanta gente pisó las calles de Moscú. Cantaban La Internacional. El féretro era portado por el comité. Bujarin, Zinoiev, Kamennev, el propio Josef Stalin. No fue hasta 1929 cuando se erigió el mausoleo que ahora está en la plaza Roja. Llegar hasta ahí ha supuesto casi medio litro de alcohol. Sin marcas, a trago puro, no me extraña que enganche tanto a mi acompañante. El mausoleo es una pirámide escalonada, rodeado de granito rojo. Durante un tiempo se convirtió en tumba de los dos líderes. Lenin y Stalin hipócritamente juntos. En el XX congreso del PECUS, en 1956, Kruchov se hizo con el poder.  Cinco años después, sacó a Stalin del lugar y lo enterró en la muralla del Kremlin.
Hay una larga cola de visitantes. Muchos japoneses con cámaras. Veo al padre de la revolución bolchevique y parece un ninot de fallas. Un muñeco de cartón piedra, amarillo verdoso. Aún así impresiona. El rito a la muerte, el culto a la personalidad...., prefiero no divagar, el vodka hace su efecto. 
El patólogo Abrikosov inyectó seis litros de glicerina, formalina y alcohol en la aorta. A pesar de las inyecciones, los restos mortales habían adquirido un tono plomizo que se acentuaba hasta convertirse en un color terroso alrededor de las cuencas de los ojos... Worobjov, catedrático de anatomía y Boris Zbarski, químico, extrajeron todos los órganos, (a Stalin le interesaba colocar dentro del santuario  un santo bello y no un cuerpo en putrefacción constante), lavaron la cavidad torácica con agua destilada y la fijaron con formaldehído. Después dejaron el cuerpo varias semanas en un líquido balsámico de glicerina, acetato potásico y agua. Añadieron quinina de cloro y fenol, ácido acetàtico contra las manchas y peróxido de hidrógeno para dar a la piel un tono lustroso. Los globos oculares fueron sustituidos por prótesis y le cosieron los labios y párpados. El cerebro, famoso cerebro de Vladimir Illich,  se extrajo y cortó en tres mil rebanadas, porciones lonchadas para el estudio permanente...
Desde arriba del talud, pirámide ceremonial, uno se siente importante. Aquí escenificaban discursos los líderes de la revolución. Banderas, intrigas, fanfarrias ocasionales y frío, un frío gélido inhumano.. Me cuentan que Pasionaria habló al menos dos veces desde la tarima instalada. Y Lister. Y Carrillo.
El vodka hace que siga consultando técnicas de embalsamamiento, sobre todo de los especialistas que trabajaron en el Instituto de Perpetuaciòn. Lo cierto es que después de la segunda guerra mundial, todos los dirigentes de Estados amigos querían ser como Lenin. Salvo Mao, al que embalsamaron los chinos, el equipo médico soviético trabajó con Georgi Dimitrov, de Bulgaria, Klement Gotwald de Checoslovaquia, Tschoibalsán de Mongolia, Agostinho Neto de Angola o el mismísimo Ho Chi Minh, arreglado en plena guerra de Vietnam en subterráneos y expuesto en su mausoleo particular después del acuerdo de paz de Hanoi.
A estas alturas tengo bastante momias y bastante historia mojada en vodka. Comemos en un restaurante cercano a la plaza. Es moderno, americanizado, muchas camareras con minifalda que nada saben de ortodoxias ni de politburó. Pido agua y carne. El plato, sobradamente lleno, presenta unas láminas finas de carne en salsa. Imagino el cerebro de Lenin desguazado, sus restos en la cocina, su gorra apolillada en el perchero. Me levanto y marcho al aseo.



TIRANDO GATOS A LA BASURA

Vemos como una señora cuarentona acaricia a un gato y, acto seguido, lo arroja al contenedor de la basura. Suele pasar. Otras veces alguien tira un paquete perfectamente embalado que contiene las extremidades inferiores del vecino. Otras, lo saben ustedes bien, al abrir el contenedor el llanto de un neonato sorprende al indigente que buscaba cajitas de galletas empezadas o media docenas de huevos caducados. En mi barrio, a Serapio, en una borrachera, lo arrojaron al contenedor entre otros dos. No contentos con la acción, empujaron el cajón verde de la basura cuesta abajo hasta que acabó empotrado contra un autobús de línea aparcado en una curva.   
Gatos, señoras, vecinos, amputaciones, bebés y borrachos rondan los contenedores verdes, basuras de nuestro tiempo destinada a vertederos llenos de gaviotas carroñeras. A uno le parece una actitud demencial arrojar animales o seres vivos o muertos, es más, no volvería a fiarme de mi vecina si la filmaran acariciando y arrojando gatos, dos asuntos diferentes, antagonistas, contrarios incluso al propio estado de las cosas. Ella, en su descargo, ha dicho que no sabe que le pasó, sólo quería gastar una broma. El felino enclaustrado ha contestado que marramiaumiau. Coincido bastante con esta segunda opinión.


DESPERTARES

Mala mar y quince nudos de viento encorsetado en la cresta de las olas. Durante una hora acompaño con tranquilidad una cerveza y un par de libros. La terraza está vacía, aunque enseguida un trío de jóvenes  luce palmito y tatuajes. Refugiado en lecturas indómitas... ¿les hablo de la piel negra de un esclavo expuesta en un museo antropológico como curtido de especial textura? ...... asisto a su biofauna burguesa- urbanita .Estoy, he de decirlo, en una pecera privilegiada y me dedico a la taxonomía casual y aleatoria...... da para escribir cinco tratados de comportamiento....Desayunar, (es eufemismo) viendo imágenes que pueden atentar contra mi sensibilidad de espectador (ignoran los reporteros que mi sensibilidad hace años quedó descartada). Me refiero a la matanza efectuada por los insurgentes del Ejército Islámico en Irak . Hasta 1700 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes ejecutados sin compasión.  Tipos arrestados, apaleados, arrastrados, tumbados en el suelo y fusilados sin excusas. Muchos con camisetas de fútbol, cadáveres con la cabeza reventada a ráfagas y moscas en la boca... ah, sí, las moscas.....
Los indios de la costa de Caracas cazaban gymnotis, anguilas eléctricas, una especie autóctona capaz de matar a cualquiera. Reunían todos los caballos y mulas que podían y  los llevaban a las charcas dónde eran atacados sin tregua por las anguilas. Algunos equinos se desplomaban y morían, mientras otros que intentaban escapar eran llevados de nuevo al agua y se ahogaban o sobrevivían porque las anguilas habían descargado 650 voltios sobre sus cuerpos..... moscas revoloteando en el lodazal suramericano a la luz de Venus....
Los cuerpos yacentes, abiertos en canal por proyectiles Kalashnikov....... tumbados en el promontorio de la tierra árida escupida mil veces por la muerte cruel, puta muerte asesina....... ¿en que varía su suerte frente a la de los caballos fulminados por sacudidas eléctricas?.....
Y en esas estaba, dentro de la pecera con una cerveza, cuando desde la mar revuelta caminaban fantasmas del pasado sin más hasta la orilla. Mejor sacudir los pensamientos y volver a la realidad. El sol pestañeando  y el viento de allende moviendo papeles en las aceras.



VAGUEDADES Y ALMA


El invierno irrumpe  a las seis de la tarde en una playa cualquiera, espigón de amores, posidonias y orines de espuma en la orilla.
 Así se improvisa: uno arma el colt, desenfunda, intenta volarle la sesera a los acontecimientos y ve sorprendentemente que ya no están, falsa alarma, han marchado con el viento de poniente que trajo temporal a la costa.....
Encima de los deltoides, (lleno de nudos), tengo pellizcos de dedos crujientes, de uñas de gel rotas, pellizcos que alivian la tensión de mi cuerpo. Hablábamos de dolores del alma, de vacíos, de sufrimientos indescriptibles. Esta claro que si no llego a esas profundidades no llego a ninguna otra: es necesario calar el fusil y adentrarse en territorios negros, espesos, junglas pobladas de alimañas dispuestas a devorarte, es necesario blandir la espada, el machete, cortar el ramaje... ¿qué sino?, ¿a dónde ir de lo contrario?... toda sería mentira, fugaz, solo fachada. 
Los recónditos territorios del alma, maldita sea: “El límite de cada dolor es un dolor mayor.” Pero quiero combate, quiero y necesito ese combate, esa batalla cruenta que librar.

 Es misión de nos, asesinos profesionales, entrar en  deliberaciones, interrumpir lágrimas o no, mejor beberlas, exhibir la técnica del sumiller, apreciar los taninos torpes de tanto llanto. Es de justicia tener esa oportunidad mientras el invierno irrumpe a las seis de la tarde en una playa cualquiera, espigón de amores, posidonias y orines de espuma en la orilla.......

miércoles, 20 de diciembre de 2017

SEGÚN EL MAESTRO TOMEO

Según el maestro Tomeo el orden natural de las cosas desaparecerá cuando el aire huela a marisco. No a jazmín ni a azahar ni a rosas, a mariscos. Y ocurrirá en la meseta central, a mil quinientos kilómetros del mar. Un ejército de cangrejos, langostas y centollos armados encabezará la invasión.  La guerra del orden natural de las cosas se revelará dirigida por crustáceos y seguida por una cohorte de orcas asesinas.

Según el maestro Tomeo. Amén.