Cuenta
Bioy que en el cine Grand Splendid le tocó en la rifa un perro chico y lanoso.
Al día siguiente el animal desapareció. Le dijeron que posiblemente lo había
soñado y desde entonces, sin consideración alguna, quedó atrapado en este lado:
en la lámina delicada de los sueños.
Lo cierto es que otros somos presos ocasionales.
Sin ir más lejos, cuento la anécdota de Bioy porque me vino a la memoria su
tardía lectura al ver en el espejo del ropero del dormitorio un perro chiquito
lanudo apareciendo y desapareciendo.
Imagino:
¿cómo va a reflejarse un perro que no existe?. Estoy convencido que allá donde
está, Bioy me observó un instante mirando al perro extraviado. Luego, pluma en
ristre, sacudió esa lámina delicada y se puso a escribir.

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