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miércoles, 24 de enero de 2018

HISTORIAS URBANAS

"Dedicado al gran Azcona y al buen Berlanga"
Una mujer pide ayuda en la calle porque su perrita se ha colado por las rejas de un imbornal. No sabe como se ha soltado de la correa, tal vez persiguiendo una cucaracha metió hocico y cuerpo hasta caer hueco abajo al pozo de residuales. La mujer está histérica, o parece estarlo. Lulú, que así se llama el animalito, es una perrita minúscula. Seguramente no tenía más que ojos saltones y seguramente era una perrita burguesa, rica, riquísima, de las criadas entre algodones, vestidos para invierno y baños de gel en verano.
Mientras alguien saca las rejas de un tirón y se asoma sin más con una linternita de llavero al pozo debajo de la acera, ella sigue sulfurada, atacada. Los pechos le suben y bajan en ese orden, regulares y prietos como alcachofas recién sacadas del bancal.  Viste una falda apretada que le remarca los glúteos y el abdomen. Hipa y solloza ante la presencia de un guardia municipal que  ha llegado al ver el corro de gente. El hueco es estrecho y pese a la linterna del guardia, mucho más potente que la del ciudadano voluntario, las palabras son las mismas: nada. A la pechugona la abanican y consuelan. Un menda con dos dientes de oro está a su lado. En el revoloteo del abanico aroma a pachuli pegajoso inunda el perímetro.
Aquí, aquí, grita aquél tipo casi a veinte metros, en otro de los imbornales. El guardia, seguido de la cohorte y de la afectada, llega hasta el lugar. Cuando miran abajo, al fondo del hueco oscuro ahora iluminado por el explorador, contemplan como a una rata grande le asoma un pedazo de pata de Lulú por la boca. Tuvieron que pedir una ambulancia porque ella se desplomó de la impresión. El menda de los dientes de oro no se separó de los pechos, y el guardia, resignado, sólo pudo decir, circulen, circulen. Abajo, la rata, pasado el sobresalto del deslumbramiento, terminaba de engullir a su presa disponiéndose a hacer la digestión.

SOSTEN DEL MUNDO

¿Sobre que se sostiene el mundo?. Euclides no duda: se sostiene sobre los hombros del Capital. Y el Capital... ¿sobre que se sostiene?... Sobre el caparazón de los BanquerosEuclides se rasca la coronilla y dice: 
y ¿debajo de los Banqueros¡¡sólo hay crímenes!!.



LA ENVENENADORA

Dolores Gálvez enviudó por tercera vez en Agosto del año cincuenta y ocho. La familia del interfecto puso en duda la naturalidad de aquella muerte, ya que, aunque repentina, había sido precedida de insufribles dolores en la persona de Antonio Gimenez, abogado del estado, marido licencioso de Lola, el cual, de seguir su meteórica carrera, hubiera llegado a ser procurador en cortes. Tres veces son muchas, incluso para las casualidades.
 A finales del siguiente mes Dolores fue detenida acusada de haber envenenado a Antonio. Las crónicas de la época cuentan que tras una minuciosa labor de la guardia civil (en los interrogatorios la molieron a palos), la reo confesó haber dado muerte por envenenamiento (arsénico en el café) a sus tres esposos.  Condenada al cadalso en febrero del año sesenta, se confirmó la ejecución en el penal del Dueso una mañana indeterminada del mes de Mayo.
 Dicen que en su paseo hasta el garrote mantuvo actitud soberbia y elegante. También dicen que tuvo tiempo para cartear con otro pretendiente o seguidor, pues sus delitos aparecieron en El Caso, creando legión de admiradores.
 Lola la envenenadora sintió como su cuello se rompía mirando con sonrisa rara a un cura de sotana que el estado "ponía" en auxilio espiritual. Dos minutos antes le había comentado socarrona: a usted le hubieran gustado mis cafés.


OTRO PLANETA

 Es magnífico saber que existe otro planeta con agua que perfectamente puede ser habitado. Kepler 22b se llama el susodicho y a todas todas, obtiene papeletas para la gran migración. En cuanto se resuelva el asunto del viaje vayan ustedes preparando las maletas. 
Lo primero será la logística, albañiles, ingenieros y material de obra por doquier. Lo segundo, un ejército que proteja a éstos de enemigos irreales o reales, (los enemigos siempre tienen dos facultades). Después, como no, habrá que llenar la cosa de iglesias, sinagogas y mezquitas. Para este menester habremos de reforzarlo con mas ejércitos y policías. Una vez efectuadas las obras pertinentes atiborraremos de coches, aviones, trenes, barcos, helicópteros y submarinos aquellas inhóspitas zonas. Con el agua de su hábitat se construirán presas energéticas. Como faltará material, poblaremos de centrales nucleares el territorio. Keppler 22b pasará a convertirse en un gran planeta habitado por gobiernos, militares, sacerdotes y especuladores arribistas. Contaminaremos ríos, mares, tierras y construiremos cárceles por doquier. Acabaremos, si la hubiera, con su fauna y flora, con su ecosistema y con sus primitivos habitantes. Todo esto que cuento sucederá en breve, en cuanto consigamos superar los 600 años luz que nos separan, que eso no es nada y a ti te encontré en la calle... una calle de la Nasa.



EJECUCIONES

La señora Phileas es una mujer de setenta años que ha presenciado más de ciento setenta ejecuciones en diferentes estados de yanquilandia. Con un permiso especial, esta abogada jubilada, cubre sus ratos de ocio contemplando escenas de pena máxima. 
En una entrevista reciente confiesa al periodista de Washington Post, "quizás haya algo de morbo, pero sigue siendo emocionante ver morir a un asesino". Phileas no entra a valorar la posibilidad de errores judiciales y, comenta, "siente una gran decepción cuando el condenado logra librarse de la ejecución"
Sillas eléctricas, cámaras de gas, inyecciones letales, toda una serie de modalidades que causan entretenimiento en la emérita. "Mi preferida siempre ha sido la horca. Mucho más que aquellas primeras sillas eléctricas defectuosas de Oregón. En la horca hay más realismo, los espectadores estamos próximos al patíbulo y la emoción se palpa en el ambiente, aunque debo de reconocer que la inyección letal también puede ser interesante"
La señora Phileas ha sido condecorada recientemente con la medalla a la colaboración ciudadana por la asociación del rifle, medalla que luce en su pecho. 


martes, 23 de enero de 2018

LA LUNA GRANDE DE ENERO

Estaba comiendo un bocadillo de chorizo pamplonés, esperando la luna llena del sábado. Un bocadillo de chorizo pamplonés nunca se acaba, el primer bocado se recompone sobre sí mismo igual que una cola de lagartija emerge desde sus células hasta sus células tapando el hueco invariable que ha quedado cuando perdió la original. Como bocadillos y pienso en el amor  a la manera orteguiana.  El amor grano de pus, otrora septicemia, canto breve de pajarillos a mediodía. Es cierto que nadie duerme sin sueños de amor, igual que nadie duerme sin sueños de chorizo pamplonés, igual que nadie duerme. Señoritingos pitingos, juanes palomos que todo  lo comen. Bocadillos y luna mágica de enero, luna  de ratas, alcantarillas, putas, playas deshechas por el temporal. Estaba comiendo. Estaba. Esta. Es. E. . 

lunes, 22 de enero de 2018

SOLO EN LA MADRUGADA


 Me pidieron la documentación muy avanzada la noche. ¿A qué se dedica usted?. Poeta, soy poeta. ¿Eso que es, replicó el guripa?. Una forma de no hacer nada y sufrir mucho, contesto... "Ni estoy bien ni mal conmigo; mas dice mi entendimiento que un hombre que todo es alma está cautivo en su cuerpo".... Continúe, pero no beba más
Y seguí bebiendo.
 Hace mucho que no bebía mucho. La noche y sus extrañas composiciones de barra de bar. Mujeres sueltas, hombres desquiciados, drogas, poco rock and roll, menos jazz...¿dónde coño está el rock ad roll, dónde el jazz en esta ciudad de plástico?.. De vez en viene olor a  jazmín. Y a orines. 
Camino por las aceras y avenidas desiertas divagando, pensamiento insensato de fracaso como constante en mi vida.  
En eso el pellizco en el pecho reaparece y respiro profundo. Me gusta el frío de las tres de la mañana entrando por las fosas nasales. Otro patrullero pasa, esta vez a más velocidad y sin reparar en mi sombra. Al fondo de la calle un tumulto por cobro indebido. Asunto de deudas, seguro. Discuten y arremeten.
La nebulosa de ginebra crea en mi cerebro imágenes pasajeras. Es muy tarde, demasiado tarde para pasear por las calles donde se embozan los criminales del futuro. Dos gatos detrás de un ratón, un ratón detrás de un trozo de pan. Ojos brillantes entre las adelfas.
"Con esta envidia que digo, y lo que paso en silencio, a mis soledades voy, de mis soledades vengo". Oh, Lope.




                        




BUK Y DON QUIJOTE

Todos los Boeing del mundo son atacados por misiles tierra aire y derribados sobre la tundra del hemisferio norte. Lo digo sin empacho sorbiendo café. De pronto el escritor Merino me saca de ensueños. O me introduce en ellos, no sabría decir. Cuenta como el profesor Souto, gracias a documentos procedentes del alcaná de Toledo, descubrió que en el último capítulo de la segunda parte del Quijote... ("de como el quijote cayó malo y del testamento que hizo y de su muerte") podemos asegurar que el caballero efectuó una cuarta salida y que en ella encontró al mago que enredaba sus asuntos, antiguo soldado manco al que ayudaba un morisco instruido que consiguió derrotarlos tornando los molinos a ser gigantes, las ventas, castillos y los rebaños ejércitos, y él al fin sin más, pudo casar con doña Dulcinea fundando un linaje de caballeros andantes que desde entonces han ayudado a la humanidad a librarse de embaucadores, malandrines e hideputas.

Puf. El calor amenaza derretir las ojivas dispuestas en el sistema Buk, modelo básico, que la OTAN denominó caprichosamente Gadfly (“Tábano”), con un radar adicional de onda continua para mejorar la detección de los aviones que volasen a baja cota. Con un alcance de hasta 32 kilómetros de profundidad y hasta 22 kilómetros de altura, el sistema Buk se ha convertido en la columna vertebral de la defensa antiaérea de muchos países.
Buk. Puf. Más calor en Enero.  Vehículo de cadenas y lanzador con cuatro misiles asociados a un radar monopulso cuya función es guiar al misil hacia el objetivo.
¿Eran gigantes aquellos molinos en el fondo de los campos manchegos?. ¿Acabaron derretidos por el sol deslumbrante, la bolsa de aire seco sahariana?. Encima de las aspas varios Boeing 777 humean, negra chimenea lanzada al espacio ..............
Andando entre chicharras te busco en el secarral amarillento de la mañana. Yo, penúltimo caballero del linaje, mi amada Dulcinea.......



CON UN AMIGO


La juventud, las aventuras, los estudios, trabajos, los amores, ah, los amores. Aquellas pasiones revueltas, ¿recuerdas?. Claro que sí, coño, ¿como no recordarlas?. Y la opresión. Mierdas sociales concéntricas.

Hubo un día, amigo, que decidí tirar por la calle del medio, es un decir. Forjé el destino inexorablemente, ya nadie me salvaría de la patraña revolucionaria ni de mí mismo. No apreté el gatillo, ignoro porqué, ganas no faltaron. Bueno, sí se porqué. Los libros lo impidieron, esas tapas rugosas y manchadas de óxido, frases, versos, historias, cuentos. Y la pasión por la razón, luz de candil en el camino.
En estas estamos, cuantas vueltas para acabar en el mismo sitio. Unas escaleras  y una conversación frente a la muerte. O al lado de ella. ¿Recuerdas?. Es el pasado, nuestros personales muertos (alumbrando el camino). Todo el fracaso ahora oprime mi pecho. Las variantes y variopintas formas de ceder, la biología, el espíritu. Es difícil hablar conmigo, eterno inanimista. Nuestros hijos, las mujeres que amamos, las que nos aborrecieron, los fantasmas que se aparecen de vez en cuando......... 
De pronto repiquetea el fondo del cielo, telón entre azul y azabache que se extiende a diario.  Dos dedos en forma de pinza sujetan una esquina y la extiende encima de la tierra. Azul y azabache con estrellas puntiagudas, gintonics, una luna de escorpión brillante.
Me ha quedado en el tintero los atracos, los disparos, la cárcel, las detenciones, sucesos imparables, ¿es esto real o acaso una ficción?. También más historias sobre libros..., ¿hasta dónde cada asunto?, sobrada tinta en el tintero oculto tras el teclado de madrugada.



RONQUIDOS

A él le gustaba dormir la siesta, señoría. Claro, yo prefería ver la telenovela. Y no quería irse al dormitorio, siempre en el sofá, señoría. Usted no sabe como roncaba. No roncaba, rugía. Aquella tarde, con el mechero en la mano, fue fácil, prendí fuego a los cojines del sillón, y.... ¿sabe, señoría?, a pesar de las llamas del salón, él seguía roncando, rugiendo.