En el momento de agacharme a recoger el capuchón del bolígrafo vi una sombra grande. Encima de mi cabeza un platillo volante zumbaba en suspensión. Miré a los lados y no había nadie, cosa nada rara, eran las tres de la tarde en el callejón que conduce a la puerta trasera del periódico. Entonces estoy sólo en la calle de redacción con un platillo volante fijo sobre mí. Pienso en correr, no me hubiera gustado ser abducido, he visto en muchas películas como examinan los genitales y te operan el cerebro.
La nave espacial parece un huevo frito, de hecho, caso de abrir su escotilla, igual aparece un pollo chamuscado. Gira a derecha, luego a izquierda, se inclina, zumba de nuevo, gruñe un pitido.... me siento observado. Pienso y deduzco que nadie habita en el platillo, es el ovni mismo el ente, el extraterrestre, el allien. No debo de haberle interesado, suelta un pequeño flash fotográfico, dice ziuuuzìs, y sube a las alturas a una velocidad increíble.
Entonces aparece detrás de los contenedores de la basura Amparo, una compañera fumadora empedernida que debe de haberse escaqueado. ¿Has visto la nave?, le digo. Me mira con cara de pocos amigos y murmulla algo inteligible. Enciende un cigarrillo negro y marcha mirando su celular. El rumor del aire suena... ziuuuzís.
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viernes, 26 de enero de 2018
ENCUENTROS EN LA PRIMERA FASE
ESPERANDO EN EL AMBIGÚ
Dejándose llevar por la suavidad del licor, anís seco con agua e hielo picado, entretuvo su tristeza en las mesas de al lado. En este sitio, le habían advertido, no estará más de diez minutos.
Una señora tomaba asiento al fondo. Pidió, creyó entender, cointreau. Aparentaba cincuenta y pocos, rubia teñida, de belleza innata. Sin dudarlo se levantó con su vaso en la mano y fue hasta ella. Encantado. Hola, le dijo. No sé que es lo que hago aquí, me han dicho que serán unos minutos, respondió. Te comprendo, yo estoy igual, (el camarero, atento, sirvió el cointreau).
Habrá que brindar. No me gustan los brindis, nunca me han gustado. Como quieras, pero, ¿qué más da?, en esta situación.... Ella le cogió la mano, se la apretó, era evidente que necesitaba sentir alguien a su lado. ¿Y luego, a dónde iremos?. No me lo han dicho, en realidad todo es un poco sorpresivo, no imaginaba qué... ¿qué?. Pues que íbamos a estar así, tomando copas después de morir, esperando el siguiente paso. Yo tampoco, dijo ella, además, es mejor estar juntos. ¿Sabes?.... ¿Sí?...... Falta música.
Una señora tomaba asiento al fondo. Pidió, creyó entender, cointreau. Aparentaba cincuenta y pocos, rubia teñida, de belleza innata. Sin dudarlo se levantó con su vaso en la mano y fue hasta ella. Encantado. Hola, le dijo. No sé que es lo que hago aquí, me han dicho que serán unos minutos, respondió. Te comprendo, yo estoy igual, (el camarero, atento, sirvió el cointreau).
Habrá que brindar. No me gustan los brindis, nunca me han gustado. Como quieras, pero, ¿qué más da?, en esta situación.... Ella le cogió la mano, se la apretó, era evidente que necesitaba sentir alguien a su lado. ¿Y luego, a dónde iremos?. No me lo han dicho, en realidad todo es un poco sorpresivo, no imaginaba qué... ¿qué?. Pues que íbamos a estar así, tomando copas después de morir, esperando el siguiente paso. Yo tampoco, dijo ella, además, es mejor estar juntos. ¿Sabes?.... ¿Sí?...... Falta música.
jueves, 25 de enero de 2018
LOS AMIGOS TE LEEN
Te leo, dice un amigo. Eso significa que entra en el blog y se atreve a comprenderte. Es difícil que los amigos te comprendan, sobre todo porque te conocen. Pero la suerte del escritor es poder ser otros, desabrochar la cremallera de su mente podrida y salir de sí mismo para enseñarse. Sé que en muchas ocasiones empeora la situación, pero al leerte o al leerlos, nos metamorfoseamos de renacuajo a sapo y de sapo saltarín a sapo parlanchín. Y todo, sin perder el equilibrio en la ciénaga. De ese modo, agradezco a los amigos sus lecturas. Deberías de ponerle al blog algo más de ánimo, fotos de tías en pelotas, por ejemplo. Lo comprendo, quizás también están, lo que pasa es que no sabes verlas, suelo contestar recordando a Dalí, la virgen y la balanza. (No me irán a decir, dijo el genio a un jurado ante su pintura, que no ven a la virgen. Los catedráticos estupefactos, contemplaban una balanza romana).
Yo escribo balanzas romanas, asesinatos crueles, besos de papel y mala leche de vaca montañesa. Escribo mujeres desnudas, asnos muertos, suicidas de mentira y vírgenes putas. Te leo, dice un amigo con cara de fin de mes. No tengo un euro, le advierto, sabiendo la deriva de semejante conversación. Èl sonríe y vamos al bar dónde nos fían.
FOTOGRAFIADO
Me aficoné a la fotografía paralelamente a la literatura. Imágenes, esas eran las claves mágicas que lograban transportar los sueños. Sueños vacuos o efervescentes.
Deteniendo el alrededor, congelando el momento, robaba el alma de las cosas para fagocitarlas vorazmente. Puentes, árboles, pájaros, calles. Tragaba instantáneas que se convertían en otras, porque el ánima de las cosas es modificable y transmutable. Empero, siempre evité aparecer en ellas. Yo era el ojo, no el objetivo. Sabía que mi fotogenia era nula y que, definitivamente, aparecer en aquella quietud eterna, en aquella relativización, sólo me aproximaba más a la muerte.
Últimamente salgo en algunas odiosas fotos. Miro mi cara de hombre mayor y veo el reflejo genético de mis padres, la muesca grotesca de sus óbitos en la mandíbula. Es la venganza del cromosoma. Las cejas arqueadas, la posición del rostro. Todos mis antepasados tenían ese rictus determinado, ese congelado gesto. Y así han ido transmitiéndolo generación tras generación. A partir de una época cercana al fin las caras se convierten en clones específicos, retratos subliminales de sus muertes, del limbo de la ausencia que nos espera.
Acabo de romper una fotografía en blanco y negro. Es de ayer. Estoy sentado, con la mandíbula ligeramente ladeada. No es manía, una señora invisible con guadaña de tinta posaba a mi lado. Y eso no me gusta nada.
DE VIAJE
He estado hace un rato en Viking 1, en los cráteres rojizos como espuma que lo rodean, sin prisa, paseando por valles y los montes Pavonis y Tharsis. Grutas y escarpados barrancos donde perderme una tarde de Enero, cuando un ciclón amenaza las comunicaciones.
Escribo ahora mismo esta crónica breve desde lo alto del Empire State, en el cruce de la quinta avenida y west 34. Escribo desde lo más alto posible mientras recuerdo que en la mañana nublada de un sábado de Julio del 45, el coronel Willian Smith empotró su bombardero B25 entre los pisos 79 y 80, traspasándolos y logrando aterrizar en el tejado de un edificio contiguo. Murieron 14 personas. Cuentan que Betty Lou sobrevivió a la caída del ascensor desde el piso 75. De todos modos, ahora que me he colado en las alturas, intento buscar al rey Kong, que subido en la cima del edificio palmotea aviones hostiles, mientras trata de salvaguardar a la bella que podrá perpetuar su especie. Jamás había viajado tanto. De El Cairo a Montevideo, desde Machu Pichu a los fiordos noruegos.
Un paseo estelar simple me conduce hasta la luna. Blanca de ensueño, sigo caminos, rutas ya señaladas. Veo satélites abandonados, masas de polvo estelar, Selene postrada entre sendas y veredas, abismos estáticos espaciales, silencio dañino.
Con mi portátil ando por la vereda verde imaginaria de las llanuras de Naboo, donde el gran ejército Gungan luchó contra los droides de la federación de comercio. Llanuras verdes de Naboo que amé en otras vidas que soñé. Escribo esta crónica tranquilo, solitario, con buen jazz de fondo. Y es que viajar por otros mundos con Earth- Moon Google, es todo un gustazo.
LIBROS
Las fauces del dragón extiende el fuego aniquilador de princesas secuestradas: libros: nueve años de guerra entre aqueos y troyanos, la peste negra, "Canta, oh musa, la cólera del pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valeros...as de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves; cumplíase la voluntad de Zeus desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles'"
15.693 versos en hexámetros dactílicos. Homero, ciego ya, en la mesa de una feria editorial. "Y entonces en la costera Chipre existirá un gran cantor, al que dará a luz Temisto en el campo, divina entre las mujeres, un cantor muy ilustre lejos de la muy rica Salamina. Dejando Chipre mojado y llevado por las olas, cantando él solo el primero las glorias de la espaciosa Hélade, será inmortal por siempre y no conocerá la vejez...".
Euclo viste un uniforme adecuado y vende retazos de frases igual que churros: porras, churros al estilo madrileño, churros japoneses, churros homéricos, libros, churros como libros.
Vida y muerte, atrocidades, hogueras, miserias, autores, montones de letras revueltas, grafías, caracteres, fuentes, capitulares, ojos, cientos de ojos, manos arrugadas deshojando filamentos de madera, poemas, prosas, invenciones, mentiras, verdades...............
Libros en el corazón clavados cual saetas, que más da, uno es un profesional, no sirven las novedades novedosas,no sirven las modas, ahí detrás, en los recovecos ,están las páginas buscadas: Comala, Macondo, las áridas tierras esteparias, la tundra, los habitantes del otro lado, ....dúplicas.
Y sin embargo, en ese proceder casual disfrazado de comercio, la muerte enseña su zarpa: buscaba la sabiduría y poco a poco renuncié a todo... a todo.
BOCATA DE CHORIZO
Como los sueños sueños son y pese a explicaciones freudianas, a las fases del mismo, a los ensueños y otras ilusiones mentales, cada uno es cada cual y todos derivamos nuestro cerebro hacia lo imposible durante el descanso. Conozco a gente que sueña con caballos que tienen dentaduras postizas, y a otros que bañan en sangre volcánica sus miserias nocturnas.
Últimamente sueño con bocadillos de chorizo. Sueño con panes crujientes, rebanadas hermosas y rotundas. Sueño con su olor inundando el dormitorio, (tanto, que cuando me levanto aún persiste el delicioso perfume). Con el globo terráqueo cortado a rebanadas, un mundo chorizo que cae en la profundidad del universo. Chorizo de cantimpalo o pamplonés, chorizo grasiento que supura manteca rosa en las migas del pan.
Como tranquilamente a bocados el trozo que arranco a dentelladas. La saliva garganta abajo desaparece entre las sábanas de mi cama. Sueño con una cama fileteada metida dentro de una masa tostada, una noche estrellada de fiambres brillantes, charcutería porcina colgando en el azabache del cosmos.Sueño con la luna envuelta en tripa de piel y con una gota derramada como lágrima por la vía láctea. Una lágrima de chorizo que invade el firmamento.
IRREVERENCIAS
Reconozco que siento una atracción irresistible e intelectual por la iconoclasia y la irreverencia. Pudiera parecer un defecto del carácter, en caso del mío pudiera parecer una deformación cultural: no está bien ser intolerante. O pudieran ser ambas cosas, pero no me importa. Los símbolos son importantes en la relación de las sociedades porque se convierten en morales y repugnantes seres de control absoluto.
El simbolismo deísta, el deísmo en sí, es una claudicación, una oclusión de la vieja aspiración libertaria. A través del icono (representación del poder) los sacerdotes, siempre togados y poseedores de la verdad que el libro les cita, (un libro que ellos manejan para poder manejar), venden nuestras liberaciones al orden armado: bajas pasiones, celos, miedos, sexo, concupiscencia, sabiduría, filosofía, razón, ciencia. El icono, símbolo- dios, intenta controlar este progreso evolutivo. Por eso creo en la caricaturización de los mesías, "elegidos" al servicio de una ideología ajena a la realidad. Decididamente la irreverencia, la mofa, aparte de ser sano ejercicio, pone en su sitio a lo sagrado. Tan vulgar y mundano.
miércoles, 24 de enero de 2018
BIG BANG
Logré retroceder a través del universo en expansión hasta una diezmillonésima de billones de billones de billones de segundos. Estaba justo en el límite, en el momento súbito donde todo se hincharía y duplicaría su tamaño cada millonésima de millones de millones de millones de millones de segundo. Entonces vi lo que llaman el dedo de dios.
Sólo un microscópico orificio ovalado perfecto, desde donde se puede mirar al interior. Y dentro, amigos, otro incandescente universo explota en dirección contraria hacia el mismo grado infinitesimal donde espera un microscópico orificio ovalado perfecto.
CARACOLES Y DESOBEDIENCIA

Es al pedir caracoles con tomate cuando hablo con mi contertulio. Recuerdo a Cosimo Piovasco huyendo de la mesa donde su hermana había servido comida en abundancia. Dicen que ponía colas de cerdo asadas como si fuesen rosquillas, que una vez había preparado suculento hígado de ratón convertido en paté, o que adornaba la coliflor con orejas de liebre junto a cabezas de cerdo con la boca abierta y una hemosa langosta roja sosteniendo en sus pinzas la lengua del cochinillo. Mis amigos, entre copas, me miran desorientados: ¿qué quieres decir?. Nada, en realidad es sólo una anécdota porque la protesta, negación máxima de Cosimo, su porvenir instantáneo, se precipita como consecuencia al no querer comer caracoles.
Battista, la hermana, los decapitaba y luego pinchaba cabezas blandas con un palillo en los profiteroles, simulando una bandada de pequeños cisnes en la fuente brillante. Dicho así parece macabro. No lo sé, querido, es Italo Calvino el que lo escribe en el "Barón rampante": Cosimo decidió subir a los árboles y allí se encaramó para siempre, rebelándose contra la familia, máxima institución fagocitadora, igual que el trapecista de Kafka eligió su trapecio, o el señor Bartebly de Melville, la oficina. Formas de desobediencia suprema. ¿Subió a los árboles?. Sí, encaramado en ramas a los doce años. Pasó el resto de su vida y desde allí el mundo giró con él, nunca ajeno. Las invasiones napoleónicas, la revolución francesa... Que cosas tan raras cuentas, no tengo ni idea del trapecista de Kafka, ni sé quién era Bartebly, ni, por supuesto, conocía la historia de Cosimo, lo que sí sé, no lo dudes, es que se me han quitado las ganas de comer caracoles. Y sorbiendo el último, bebe un trago de vino.
Etiquetas:
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