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viernes, 18 de mayo de 2018

RECUERDO

Sabiendo del sinestésico Shereshevski, famoso memorizador, me asalta el extraordinario caso del joven Funes, protagonista de un cuento de Borges. Shereshevski llegó a vivir atormentado por su memoria. Le molestaba e irritaba la sobreabundancia de detalles triviales que guardaba su cerebro. Si leía una historia, aún no enterándose de lo leído, recordaba hasta el agobio todo lo que alrededor se movía, las nubes, el techo de la habitación, el número de palpitaciones de su acompañante, la calle estrecha que veía desde el ventanal, el olor, el sabor de ese olor... Funes el "memorioso" acaba sin estímulos hundido en una silla de su casa. Recuerda cada arruga de los rostros, la forma de las cosas, los sonidos, todas y cada una de las gotas de lluvia,... plim, pluf, tras.   Sabiendo de Shereshevski, atormentada mi vida en esbozos sucesivos de lo que fue u ocurrió, muero sin remisión frente al rayo de sol que penetra, castigado por la imborrabilidad de la persistente memoria.

domingo, 4 de febrero de 2018

EL MOVIMIENTO DE LOS PECES EN EL AGUA

Según cuenta Cunqueiro en el año 2175 se producirá un eclipse total de sol visible en la montaña sagrada Chei, (nadie ha podido localizarla todavía), en el noreste de China. Y ocurrirá porque los eruditos del XVII en Pekín saben a ciencia cierta que ese día los movimientos de los peces en el espejo alcanzarán la superficie en una extraña conjunción de Sol, Luna y Tierra. Sé que Borges se ocupò también de estos menesteres: hubo una época en que en el mundo mandaba un gran pez terrible, asistido por todo un ejército de congéneres, los cuales ejercían sobre el hombre y los animales un estado de satrapía. Un emperador logró, no sin cruentas batallas y abismales magias, encerrar al gran pez y sus ejércitos en un espejo, que confundieron con un mar en calma. En China existe una escuela mística de "vigilantes del espejo", que miran si los encerrados se mueven y si se mueven que es lo que exactamente hacen. Juan el Eremita fue uno de éstos vigilantes, por eso bajaba cada veinte días por los acantilados de finisterre y oteaba las aguas, azuzándolas a veces con un bastón de cedro. Los peces se mueven, al parecer muy lentamente, en grandes y perfectos círculos con dirección a la superficie: cuando logren llegar a la flor del espejo, lo destruirán e impondrán su gobierno maldito al planeta Tierra.

viernes, 2 de febrero de 2018

EL MONO DE LA TINTA

Habla Borges en "El libro de los seres imaginarios" de un mono que abunda en las regiones del norte y que tiene cuatro o cinco pulgadas de largo. Al parecer es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben se sienta con una mano sobre la otra, con las piernas cruzadas, esperando que hayan concluido para beber el sobrante de la tinta. Borges cita de corrido una fábula que ya contó en 1791 Wang Ta-Hai. 
Sólo vengo a confirmar que cuando el veneno de la escritura entró en mi vida para destrozarla definitivamente con pensamientos, frases o gerundios robustos, una tarde cualquiera todos los bolígrafos de casa, incluidos los escondidos en el secreter del buró, aparecieron vacíos. Conté a quien me quisiera oír que había visto escapar por el ventanal hasta la frondosidad de los sauces una criatura escueta, pequeña, filigranesca. Y que su boca estaba manchada de tinta. Nadie me creyó. Desde entonces, cada mes ofrendo a la benevolencia de poder escribir dos cápsulas azul y negra de tinta indeleble china. Al otro día, sin más, aparecen secas.




martes, 30 de enero de 2018

LA BIBLIOTECA DE BABEL

 Ayer tarde volví a quedar atrapado en la biblioteca de Babel. Desde 1941 cantidad de personas han dejado la vida entre los anaqueles hexagonales de sus grandes salas.  Borges advierte que en aquellos corredores y escaleras pulidas no hay un solo bibliotecario y que el suicidio y las enfermedades pulmonares han destruido la proporción de habitantes. 
He dicho atrapado por ser leve, lo correcto sería amarrado, absorbido, exhausto al repasar cada libro de cuatrocientas diez páginas, cuarenta renglones, ochenta letras de color negro. Todos los escritos en el mundo en todas las lenguas del mundo, y la búsqueda sin certeza de un único tomo que sea la cifra y el compendio de los demás.
 Quizás no exista, aunque Jorge Luis afirme que Letizia Álvarez observaba suma inutilidad de la biblioteca: bastaría un solo volumen, narra, de formato común, impreso en cuerpo nueve o cuerpo diez, que constara de un número de hojas infinitamente delgadas. 
Al crepúsculo la luz se tornaba rojiza, moribunda,  la luna de Enero asomaba cuernos de rinocerontes blancos que inundaban el salón donde aún permanecí cautivo de la biblioteca durante minutos inacabables. Porque el cuento gira en torno al infinito. Al universo torrencial de irreparables consecuencias. Vida y muerte como puntos delimitados, demiùrgicos.
 Cuando cerré las páginas sentí una liberación amarga, una excarcelación casual. He de reconocer que he dormido mal, soñando con paneles de colmenas donde las abejas poseían ojos hexagonales y los hexágonos ojos de abeja. Entre medio, todos los libros del mundo sostenían los pilares del cielo.







sábado, 23 de diciembre de 2017

HABITANTE DE UN CUENTO

Una vez fui un personaje de Borges en un cuento inacabado que regaló a Bioy Casares. Me había situado en un escenario ideal, de esos que cualquier protagonista adoraría: el lecho marital. Lo peor, por motivos erráticos, el cuarto lleno de sangre, mucha y abundante sangre que Borges, en sus alardes interpretativos, le había dado por estirar y convertirla en llanto de clásicos, Orestes, Edipo, Homero..... 
Bioy se encontró con un texto inacabado, ya lo dije, un texto sin desarrollo ni final, mal resuelto, lo suficientemente embrollado para tenerlo entretenido meses, tal vez años. Parecía, tal cual, un crimen sin víctima. Lo miré impaciente. En esa época Casares no bebía alcohol, pero apuró un trago blanco, gin, por el olor. Afirmé que no podría soportar tanto tiempo, que yo estaba vivo y fresco, pletórico de ideas, que mi concepción, si la hubo, fue plàsticamente ideal: yo era un tipo con gran futuro criminal, estaba preparado para nacer a los treinta años.
 Con el olor a gin, Bioy habló: tiene usted razón, no sé que hacer con esa terrible mancha de sangre del dormitorio, como resolverla, lo mejor es que, presto, quede usted liberado. Y así fue, tantos años ya. Una vez, que se sepa, fui un personaje de Borges. 


domingo, 10 de diciembre de 2017

MANZANA EMPAPADA EN VINO

Como manzana empapada en vino y fumo polen de los altos del Golán. Para que la manzana adquiera virtud hay que cortarla en daditos y sumergirla en un vaso cargado. Para que el polen tome vigor habrá de deshacerse una mota, apenas, en tabaco fresco.
Manzana, virtud, polen, vigor se asociarán en medio del carraspeo y las toses.
Oigo “Caravan”, de Teolonious  Monk mientras me llevo a la boca con una cucharita  pedacitos exactos de manzana tinta. Los altos del Golán expiran humo que aspiro.
Expirar y espirar son dos términos asociados a la vida reglamentaria de uno. Vigor, virtud, jazz de media tarde.
La música inunda el salón y dejo que todos los fantasmas internos afloren. O casi todos.
      La muerte no. Muerte también es unos de esos términos asociados. Me jode reconocer que he visto su fantasma lacio varias veces. Pero no le apetecía.  A mí no me apetecen  virtud ni vigor. Sí la fruta de vino, sí el polen, sí el jazz que todo lo empapa.
He usado varias veces la palabra empapar,  curioso. Filtros absorbentes que se extienden como capas de cebolla, meninges inflamadas y embriagadoras… entonces leo a Borges hablando como Da Vinci:la pantera africana es como una leona, pero las patas son más altas y el cuerpo más sutil. Es toda blanca y está salpicada de manchas negras que parecen rosetas. Su hermosura deleita a los animales, que siempre le andarían alrededor, si no fuera por su terrible mirada. La pantera, que no ignora esta circunstancia, baja los ojos; los animales se le aproximan para gozar de tanta  belleza y ella atrapa al que está más cerca y lo devora”.
Dos caladas más y solo veo cadáveres mordidos por panteras.
Una ruge con virtud y vigor en la rama de la lámpara del salón, aunque que sé aquí estoy a salvo: habito en el pudridero de la jungla. Comiendo manzana empapada en vino,…. fumando polen de los altos del Golán.