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sábado, 20 de enero de 2018

ATEMPORALIDAD KAFKIANA

Fuera de PragaKafka, sólo realizó una lectura de sus obras: "En la colonia penitenciaria", noviembre de 1916, Múnich. La lectura fue un absoluto fracaso. De los apenas 50 asistentes, varios abandonaron el local.... las reseñas críticas constatan el argumento como repugnante, de complacencia horrible, poco atractivo..... Leo estas cosas viendo una foto del Schloss Balmoral und Osborne, el hotel en que se alojaron Felice y Kafka en julio de ese mismo año......
Hay un tipo en esa foto, bueno, en las dos, en la de la lectura y el hotel. Un fulano con sombrero y gabán tres cuartos. He tenido que ir a por la lente de aumento para, pasmado, detenerme en los píxeles arrugados del blanco y negro. Sé que es una majadería más, pero me parezco mucho al personaje que en las dos imágenes se mueve hacia afuera. 
Bebo café  y cavilo sin contemplaciones... ¿Qué hacía yo en 1916 en Múnich?, ítem, ¿qué hacía yo en 1916 si aún no había nacido y mis padres eran proyectos de vida?... es más, caso de estar en un bucle atemporal, (situación normal por otro lado en mi cerebro), ¿me fui de la lectura de Kafka?, ¿era yo uno de esos 50 que abandonaron el local?, ¿porqué en el hotel?......... 
Es raro, dentro del bolsillo del gabán tres cuartos veo, no sin esfuerzo, el lomo astilloso de un libro... no hay lugar a dudas..."Las aventuras del buen soldado Švejk", el mismo tomo que siempre transporto en señal de autodefensa intelectual: Jaroslav Hašek y sus letras delirantes.  Sí vale, culto lector, vale, alto, me detengo:

 la obra fue publicada entre 1921 y 22, imposible que esté en el bolsillo en el 16. De acuerdo, de acuerdo, pero también es imposible que yo deambule por el Schloss Balmoral y ahí estoy, apresado en una foto cochambrosa en el hall del hotel de los amantes. 
No sea pesado, la atemporalidad de los bucles suelen ser recurrentes. Fíjese si no: no escribo esto a las ocho de la mañana de un viernes. No. Lo escribí en 1916 después de tomar café con galletas de avena y pasas y haber anotado en una libreta cuadriculada: he de comprar un libro de arte para regalar a una mujer que se alojará conmigo en otro hotel....también escribir unas líneas en un teclado que no existe, y leer un capítulo de un libro que ni siquiera se ha escrito. ¿Qué haría yo en aquella sala al lado de Kafka?.




jueves, 18 de enero de 2018

ZOOLÓGICO Y LIBROS

Visitando el zoo siento la misma inquietud que en las librerías y bibliotecas. Los gorilas trás  macizos cristales comiendo tranquilos, acostumbrados a que los miren. Esta mañana ojeo las obras completas de Kafka en la librería, rozando los lomos con la punta de los dedos y pasando ligeramente el papel de seda con perfume a tinta,.... al azar, aparece "La desicha", ..... apoyo las narices en los cristales duros que atrapan a los gorilas.... los cuidadores  dan frutas partidas a un macho gigante, tiene los dientes amarillos, posiblemente fortísimos, podría destrozar a sus captores de un manotazo o un bocado contra la estantería donde apoya la obra impresa de Proust. ¿Sabían que Proust era un pervertido, que se divertía en los lupanares con menores o con mujeres de las que gustaba esclavizar a la vieja manera de Sade?.
 Doy con un libro maravilloso de láminas ilustradas por Da vinci antes de visitar la jaula de una pantera negra que mira silente a una mosca atrevida. Esa mirada ya no es felina, está transformada por los alimentos, puede que por la medicación. Le han puesto un riachuelo ridículo contra unas rocas en el recinto. Una catarata de agua con cloro,  trozos de carne de pollo, carcasas en otra esquina. 
Me siento fuera, en la cafetería de la biblioteca. Antes de entrar a solicitar un Fígaro prestado, pido descafeinado caliente y largo. Veo que una mujer de mi edad está concentrada con su libreta en una mesa. Desde aquí, en la barra, aprecio su olor, quizás como ese viejo gorila apreciaba el mío desde dentro de su urna. Comprendo que por eso me ignoraba: mi olor no le interesaba nada,  huelo a tirano humano leído. Ella, sin embargo, huele bien. Creo que también me ha olfateado, carraspea, cierra la libreta, se levanta y se larga. Suele pasar.


jueves, 28 de diciembre de 2017

LA METAMORFOSIS


La humedad empapa el cuerpo. El insecto que vive en mí aparece de repente. Kafka lo sabía, Kafka habitaba en su seno, era el mismo y repelente coleóptero que aprisionaba su alma.....
Esa tormenta interior asola el territorio con huracanes violentos. No sabría especificar si arranca toldos y tejados del músculo cardiaco o árboles y sendas sanguíneas, autopistas interiores dolidas.......
 Suena música, prefiero oír jazz tenue mientras el vendaval destroza toda la ciudad- pánico que invento. Dice Kant en su Critica de la razón pura: "dos cosas llenan mi mente con creciente asombro y perplejidad, y con mayor frecuencia e intensidad el pensamiento se concentra en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí". ¿A qué responden mis leyes morales?, ¿acaso esa norma con mayúsculas no abate a la propia naturaleza?, ¿el caos absoluto, la catástrofe de los vientos machacando la condición de pensador atormentado....?......
Los pájaros invaden la escena. Mucho antes que ambulancias y equipos de socorro. Los pájaros se alimentan de carroña a semejanza de nosotros humanos.... pájaros carroñeros con picos llenos de vísceras, charcutería procedente del desguace......
Y entonces ya, sin más, la metamorfosis anunciada y tantas veces escrita, produce su efecto........




miércoles, 27 de diciembre de 2017

REFLEXIONES A VUELAPLUMA UNA MAÑANA DE VIENTO

Con respecto a los lectores considérenme alter ego de Pennywise, el payaso al que Stephen King magnifica en It bajándolo a la boca de una alcantarilla para atraer a niños de seis años. El lector, goloso, atraído igual que el niño por los algodones de azúcar, dirá: se supone que no debo de aceptar regalos de desconocidos. 
Y de esa estúpida forma se acerca tanto como para rozar los predicados verbales. En ese instante Pennywise le arrancará un brazo. No se molesten ni enfaden, todo es una burla, un ataque sin control contra mí mismo. "No hay día que pueda pasar sin verter alguna frase contra mí". Eso, más o menos, decía Kafka, agazapado en su despacho con olor a tinteros viejos. Él llevó la burla al máximo exponente: fabricó un mundo propio con el que alimentar otros mundos, aunque en el fondo no fuese más que puro regodeo de miserabilidad. Kafka decide convertirse en kafkiano un día lluvioso de Praga, igual que yo me convierto en Pennywise una mañana ventosa de diciembre, con la mentira de fantasmas y aparecidos dando vueltas en los semáforos. Lo dicho:  sólo pretendo divertirme, unas veces asesinando a todos con historietas turbias o calamitosas  y las más, aunque no lo crean, matándome poco a poco.


lunes, 11 de diciembre de 2017

LIBERATUR

Preferiría no hacerlo. Ya sé que ya saben: Bartleby estaba sentado en su oficina, pálido, enjuto.  El mundo se divide en Quijanos, Sanchos, Barteblys  y penitenciarías. La mismísima Sing Sing dónde murió el falsificador Monroe.
Preferiría no hacerlo, una mano inoportuna toca a aquél tipo imaginario fulminado por un rayo mientras fumaba su pipa en el balcón.
Entonces… ¿había sido  despedido  del puesto subalterno en la Oficina de Cartas Muertas de Washington?.  ¿clasificaba cartas para enviarlas a las llamas?. Letras perdidas por cambio de dirección, óbitos, omisiones, desengaños?......
Preferiría no hacerlo.  Rasgar pellejos de vino, desgarrar el alma del sueño imposible de la imposible Dulcinea, repetir la guerra contra molinos de vientos con brazos de gigante. Ursus y el imperio, bachilleres y corredurías, caballeros andantes galopando jamelgos pulgosos. Cárceles con césped en el patio. Y la muerte, siempre rondando la cabeza del escribiente. Ya sé que ya saben: Bartleby.
Antes de Kafka, del proceso, del teatro yídish. Cincuenta años antes de ser resucitado y convertido en insecto Melville quiso ser pulga,