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domingo, 4 de febrero de 2018

EL MOVIMIENTO DE LOS PECES EN EL AGUA

Según cuenta Cunqueiro en el año 2175 se producirá un eclipse total de sol visible en la montaña sagrada Chei, (nadie ha podido localizarla todavía), en el noreste de China. Y ocurrirá porque los eruditos del XVII en Pekín saben a ciencia cierta que ese día los movimientos de los peces en el espejo alcanzarán la superficie en una extraña conjunción de Sol, Luna y Tierra. Sé que Borges se ocupò también de estos menesteres: hubo una época en que en el mundo mandaba un gran pez terrible, asistido por todo un ejército de congéneres, los cuales ejercían sobre el hombre y los animales un estado de satrapía. Un emperador logró, no sin cruentas batallas y abismales magias, encerrar al gran pez y sus ejércitos en un espejo, que confundieron con un mar en calma. En China existe una escuela mística de "vigilantes del espejo", que miran si los encerrados se mueven y si se mueven que es lo que exactamente hacen. Juan el Eremita fue uno de éstos vigilantes, por eso bajaba cada veinte días por los acantilados de finisterre y oteaba las aguas, azuzándolas a veces con un bastón de cedro. Los peces se mueven, al parecer muy lentamente, en grandes y perfectos círculos con dirección a la superficie: cuando logren llegar a la flor del espejo, lo destruirán e impondrán su gobierno maldito al planeta Tierra.

FEBERO MOLECULAR

Cuatro grados y un vaso de café. Mientras leo los informativos digitales comienza a clarear, sombras desapareciendo poco a poco, a regañadientes. 

Las ambulancias también madrugan, una sirena suena en el silencio.
He estado entretenido un rato repasando acontecimientos paralelos a los habituales. Por ejemplo, sé que un grupo de científicos ha logrado crear ADN sintético, artificial, distinto al que constituye las moléculas de los seres vivos. De hecho no se puede incorporar al genoma porque utiliza un código completamente opuesto, pero sí guardar información: "Si lo mantienes en un ambiente frío, seco y oscuro, las moléculas utilizadas pueden durar hasta 10.000 años, o quizás más, en condiciones adecuadas".De momento han codificado los 154 sonetos de Shakespeare en cadenas de ADN sintético, una técnica que permite almacenar grandes cantidades de datos durante miles de años. 

En el tamaño que ocupa una mota de polvo, los investigadores codificaron además un extracto de 26 segundos del discurso de Martin Luther King "Tengo un sueño", así como una fotografía del laboratorio de Cambridgeshire, donde se desarrolló el experimento. 
Me gusta que en un espacio similar al de una taza de té se guarden con este método cien millones de horas de vídeo en alta definición, equivalente a todas las películas y programas de televisión creados hasta ahora. 

Sin duda otro paso en torno al desconocido mundo cuántico, con átomos, subátomos, materia y antimateria dando vueltas en el tiovivo de la ciencia.
Reconozco que los avances me pueden. Hace nada intenté escribir (en la serie de inventos imaginarios) un relato sobre la transformación de motas de polvo en croissant. Lo he enviado a la papelera porque ya no es una idea imaginaria, al contrario: secuenciar moléculas de diferentes sabores es algo asequible y fácil. Así que he tenido que volver a los seres paramitológicos, mitad hombres y mitad bestias , extraterrestres de trompetilla o mujeres de ultratumba. 
Ya es de día, algún pájaro pía por el acontecimiento. Febrero de preludio y fuga en do mayor.


viernes, 2 de febrero de 2018

CAZADORES

A un señor aficionado a la caza mayor le han robado una cabeza disecada de rinoceronte. Luego, los ladrones, han cortado los cuernos y la han tirado a una acequia. Descubrimos la patética escena: una cabeza con las defensas serradas semihundida en el lodazal de un bancal de alcachofas. El cazador, lo es legalmente. Por eso me entero que esos cuernos robados tienen un registro, un número de serie de control. El señor lo cuenta en su sala de trofeos: ancladas a la pared veinte o treinta cabezas más: impalas, ñus, leones. 
Uno le da vueltas a las cosas por dárselas, hubo un tiempo quizás, que una jabalina o un arco mataba a un mamut. Y se lo comían, incluida la cabeza. Hoy éstos cazadores, y los hay a miles, buscan elefantes, leones, lobos, osos, urogallos o  corderos divinos. Los matan pagando mucho dinero por el gusto de matarlos, por hacerse la foto con sus piezas. Vean sino en algunos locales cutres las testas  colgando sobre  máquinas tragaperras. El caso es que un rinoceronte (afectado, explica el cazador que era la joya de su corona) es asesinado legalmente en medio de la sabana, decapitado, disecado y exhibido en un chalet de la costa mediterránea, para en un retruécano antinatural acabar al lado del alcachofal sin los malditos cuernos presuntamente afrodisíacos.
 No se extrañen entonces, si de vez en cuando advierto que me atrae la figura del leopardo devorando a su matador. Pura naturaleza. 




MÉDICOS

Habla un especialista sin levantar la cabeza, ni, por supuesto, mirar... ¿duermes?. Mal, contesto. ¿Por qué?, incide. Ahí me trastabillo, no sé que responder, si le cuento la realidad igual me envía a un pabellón psiquiátrico, así que opto por hacerme el tonto. No lo sé. La ignorancia del paciente produce satisfacción en el ego a los especialistas que nunca levantan la vista. Los pacientes para este tipo de doctores son entradas en el monitor, pruebas protocolarias, barras de colores impresas.
De acuerdo, no duermo, "¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!. ¡He aquí un término devotamente apetecible!. ¡Morir..., dormir! ¡Dormir!...¡Tal vez soñar!. ¡sí, ahí está el problema!. ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida!. ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio!".....
Al  médico se la trae floja la literatura shakesperiana, él quiere solucionar el expediente: usted forma parte del grupo de riesgo a vivir arriesgadamente. No puedo hablarle de Hamlet, consideraría que soy más bicho raro de lo que soy.  Extiende una petición de ingreso. Ahora lo deposita abajo. Pronuncia "deposita" con clase, conociendo el verbo depositar, sabiendo perfectamente que el empleo del indicativo asevera su espacio de autoridad. Adiós, buenos días, musita.
Entrego el papel a la administrativa de recepción que tiene una chapa de un sindicato mayoritario con una tijera gigante contra los recortes en el jersey. Ya le llamarán, en un par de meses, más o menos. 
Recito de corrido :  "¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo, el desmán del tirano, la afrenta del soberbio, las penas del amor menospreciado, la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo, los insultos que sufre la paciencia, pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal?".
No sé a que se refiere, habla,  pero los recortes han alargado las fechas. Sonrío porque ella sonríe, además, me mira a los ojos desde su asiento con ruedas.









FIEBRE

Nunca me habían hurtado un libro, menos en un semáforo, menos sacándolo con agilidad del anorak, menos dejando un halo maravilloso tras de sí, menos sonriendo. Nunca me había alegrado tanto del hurto de un libro…………
La memoria en las tardes de jazz se desordena inoportunamente. “Monk's dream”,  Thelonious Monk, arranca con fuerza de cuerdas. Una supuesta bola de fuego arde al fondo de la habitación, ilumina destellando el teclado oscuro, hace que la cabeza explote e inunde de sesos grises el suelo.
 Sin cabeza y sin memoria las tardes de blues caen lánguidas. Voy de la lectura a la escritura con horrenda facilidad. Trotsky, viejo camarada Liev Davidovich, sueña en el pórtico de su destierro en Turquía con islas vírgenes y casas reposadas donde escribir versos. Maiakovski se dispara un tiro en el corazón, corazón de paño, corazón de guitarra y banjo.
Muchos días de mi vida son así. Duran el tiempo en el que puedo estar solo repasando versos y textos. Música desde las entrañas  destinada al sentimiento que me destroza. Otra vez  sin cabeza, sin memoria, parezco un monstruo de plastilina, golem que camina sobre aleros buscando gárgolas que provocan llantos de media noche. (La disidencia y la incandescencia. Jazz, ñazz, blues, zulú, manitú. Café limones, y guitarras. Otra vez mi personal hurtadora de libros agarrándome el alma desalmada). 

Tarde sin cabeza ni memoria.





EL MONO DE LA TINTA

Habla Borges en "El libro de los seres imaginarios" de un mono que abunda en las regiones del norte y que tiene cuatro o cinco pulgadas de largo. Al parecer es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben se sienta con una mano sobre la otra, con las piernas cruzadas, esperando que hayan concluido para beber el sobrante de la tinta. Borges cita de corrido una fábula que ya contó en 1791 Wang Ta-Hai. 
Sólo vengo a confirmar que cuando el veneno de la escritura entró en mi vida para destrozarla definitivamente con pensamientos, frases o gerundios robustos, una tarde cualquiera todos los bolígrafos de casa, incluidos los escondidos en el secreter del buró, aparecieron vacíos. Conté a quien me quisiera oír que había visto escapar por el ventanal hasta la frondosidad de los sauces una criatura escueta, pequeña, filigranesca. Y que su boca estaba manchada de tinta. Nadie me creyó. Desde entonces, cada mes ofrendo a la benevolencia de poder escribir dos cápsulas azul y negra de tinta indeleble china. Al otro día, sin más, aparecen secas.




jueves, 1 de febrero de 2018

VENTANAL

En la calle hay una ventana que asoma a tu casa. Inclinado sobre ella puedo mirar hacia dentro. Lo hago de vez en cuando y contemplo tu colección de animales encerrados en un acuario azul. 
Veo maravillado los celentéreos, tus braquiópodos y los enormes amotines de pié en una esquina. Observo la pecera gigante del salón y como nadan los nautiloideos en busca de alimentos. Descubro que buscan trilobites, ocultos entre la arenisca del fondo de la pecera. Les debe resultar grato el sabor de su exoesqueleto. Algún equinodermo gigante se oculta en la colonia de briozoos que adorna la arenisca. También contemplo, junto al acuario, dos macetas enormes donde crecen helechos. Y junto a la mesa adornada con caracolas, grandes trozos de topacio, crisoberilo y ópalos.
Me asomo cada vez que puedo desde la calle a tu casa. En una esquina, una jaula de mimbre con suelo de sílex acoge a un pájaro que canta desagradablemente durante horas, su pico tiene dientes y las garras son poderosas. Archacopteryx es su nombre y las plumas se parecen a las del  faisán. Cuando presiente que llegas a darle su carne diaria, parece que sonría  reconfortante. A mí me gusta ver tu colección y tu fauna, pero sobre todo me gusta verte a ti, mi amada australopitecus, tan hábil y desenvuelta en tus cosas. 

          

LOS PÁJAROS

En el cañaveral se oyen gorjeos y píos, trinos, zureos, voznos, ululeos y trisos, graznidos, cacareos y cantos. Antes del crepúsculo empiezan a levantar vuelo. Uno, dos, cien; posados en los tejados de las casas, ya son trescientos. Invaden aleros, ventanales y líneas eléctricas. 
En apenas minutos visitan en tropel el pueblo. Miles de pájaros aleteando entre  locales, departamentos y casas. El ataque es feroz y ponen perdido de mierda todo el mobiliario. Ensucian suelos, habitaciones, paredes, cruces, calles, ayuntamiento, estatuas, comisarías. Mierda pura de pájaro.                               Acaban marchando justo cuando cae el sol. 
En el cañaveral un ligero murmullo da paso al sueño. 
Esa noche los asustados habitantes la pasarán limpiando. No entienden que misterio biológico hace que las aves confundan su pueblo con un gran retrete.




LA ESPERA

Tumbado mirando el techo, mapa de un territorio indómito, sioux en la tela de araña de la esquina, el séptimo de caballería da vueltas sobre las aspas de esa maldita luz ventilador.
 Fuera, detrás de la ventana, está Barcelona. Llueve sobre sus calles pausadamente mientras el bochorno se adueña de todos. No puedo reparar en nada que no sea el techo de mi habitación, sólo desvío un poco la mirada para ojear el vaso de agua con la dentadura dentro, un cenicero del parque Güell y los lomos de los libros que llevo días intentando digerir.
¿Que hago en una pensión de mala muerte del Raval?, ¿que ha pasado para acabar así en apenas medio mes?. Sí, me escondo. Desvarío soñando con indios y vaqueros, con films de Houston, con frases de Hammet. Desvarío hasta la locura después de haber ingerido ketamina para matar a un asno. Es evidente que eso soy, un asno escondido que huye de otros asnos convertidos en borricos mayores. Llevaba cinco años sin fumar y ya voy por el tercer paquete de rubio americano. 
No lo he dicho, pero estoy esperando a que lleguen y me maten. He sacado el cargador de mi parabelum y lo he lanzado a la papelera del cuarto, después he liado el hierro en una servilleta de papel y escondido en el alfeizar de la ventana. 
 Un cuarto chusco con lavabo sucio y un espejo roto que te desfigura la cara cuando te la miras. Sin la dentadura pierdo mucho, parece que la calavera interior emerja de la nada. En otro tiempo, esta imagen, la calavera interior que cubro, me hubiera parecido especialmente literaria... me van a matar igual que yo voy matando a los sioux que danzan en la tela de araña de la esquina del techo. Llamarán a la puerta con sequedad, entonces sentiré un temblor parecido al de la ketamina, las sienes serán puro pàlpito. Me colocaré con tranquilidad la dentadura postiza, no quiero morir sin piezas dentales en la boca. Incorporado, sentado, los invitaré a pasar. Después todo será horrible, una bolsa de plástico en la cabeza, un alambre cortante en el cuello, un tiro, un golpe de bate... no lo sé... Fuera, detrás de la ventana, está Barcelona..




DESOLACIÓN DEL OJO

Detrás del vaso de café un ojo mira a los lados. De vez en cuando se cierra y abre, como pestañeando, tal vez pretenda librarse del vaho aromático.
 Allí solo, aislado, el ojo siente tristeza. Entonces llora un poco, no mucho, de hacerlo continuamente convertiría su ámbito en un saladar aguado, así que procura aguantarse y seguir contemplando, junto al lápiz tumbado encima de la mesa, el paisaje abrupto que asoma por los cristales de la ventana.