Al levantarse el esqueleto ajusta las vísceras y órganos, los canales sanguíneos, nervios, músculos, las lonchas cárnicas, y estirándolas con suavidad, la dermis y epidermis, tan íntimas. Lo demás es fácil. Calzoncillos, pantalón, camisa, calcetines, zapatos, jersey, abrigo, gorra, fular, la mitad de un cigarrillo.
En la calle se encuentra con otros esqueletos. Vienen y van atareados, todos enfundados, tan corrientes y molientes. Tan óseos.
"La
Terribleña" hace que sonría levemente. Mantuvo en jaque a los escuadrones
de la muerte hasta mediados de noviembre del 36.
Casada con Pedro Cruz, huyeron
de Roturas de Cabañas con la Falange pisándole los talones. Ellos y otros, progresistas en una zona, Cáceres profunda,
en un tiempo en el que necesariamente era imperdonable serlo.
La guardia civil y Falange lograron detener a Pedro. Lo fusilaron en el
pueblo Roturas de Cabañas junto a tres compañeros más.
Isabel "la Terribleña" no amilanóyse escondió en la sierra. Una noche, sabedora
del cruel destino de su hombre, bajó hasta Roturas escopeta en mano liberando a
tres presos encarcelados en La casa del pueblo. Disparó a un cabo
jefe de puesto fascista.
Nadie sabe como pudo subir hasta el Risquillo, abrupta zona de monte.
Tampoco nadie dice quién acabó delatándola ni a cambio de qué. Fue detenida en
noviembre del fatídico año. Antes plantó resistencia. Con heridas en un muslo,
la arrastraron hasta un paredón. Murió cosida a balazos.
Pese a la tristeza de esta historia una ligera luz me prende el corazón ante
"La Terribleña", mujer tenaz en un tiempo de arrojo y determinación contra el fascismo asesino........
Me sorprende la amanecida de golpe, ni siquiera había
mirado al ventanal del salón. Cielo celeste con alguna formación nubosa en
forma de palillos.
Dado mi carácter multidisciplinar abordo desde hace días, dependiendo de otros
asuntos que no abandono, la vida y labores del gran Jules Verne, una obra
(inacabada, sólo bordada de apuntes), que cada vez se antoja más difícil y
enrevesada. Leo y releo notas sobre su capacidad visionaria y me enfado con
esas tópicas definiciones. Pienso (igual que Savater), que Verne es el escritor
con menos imaginación de su época. Porque todo lo que describía, submarinos
atómicos, vuelos a la luna, láseres verdes, teléfonos inalámbricos, etc...,
etc.. eran proyectos científicos futuribles que a él, gran lector, inagotable
estudioso, le entusiasmaban.
Recorrió el mediterráneo en un yate, el «Saint
Michel», Irlanda, Escocia y Noruega, Inglaterra, el Mar del Norte y el Báltico
y todos los submundos de su mente prodigiosa, de sus mapas extendidos en la
mesa de trabajo, atlas revueltos y amarillos, puntos geográficos marcados con
plumín.
Su sobrino Gastón, en un brote de ira y locura le disparó en una pierna. La
cojera le duraría hasta su muerte. Fue concejal de Amiens durante quince largos
años. Aceptó la presidencia de un grupo de esperanto y el compromiso de
escribir un libro al respecto. Nunca pudo acabarlo, "La impresionante
aventura de la misión Barsac", sin embargo acabó siendo publicado, pero
manipulado, sin ninguna referencia al esperanto.......
El sol brilla fuerte. A
veces quisiera que el alba se prolongara durante horas, el estudio reposado,
incluso las notas que tomo en esos instantes me tranquilizan por dentro....
Tomaba té leyendo las noticias deportivas. Ella sorbía de su taza caliente con la punta de los labios haciendo un gesto característico mientras los dedos de la mano derecha fabricaban bolitas pequeñas con briznas de magdalena que habían caído al mantel durante la merienda, es una manera como otra cualquiera de definir esta escena, ella mirando a la nada, él con un periódico abierto tapando las vistas.
"Ha pasado un ángel" comentó con un suspiro la mujer. Su marido, atento a la crónica escrita de un partido de fútbol, sólo respondía: Hum.
"Creo que esta vez es el ángel exterminador", puntualizó ella. Hum, contestaba sin prestar atención. A ella le vino de súbito el impulso, (quizás ese ángel se apoderara de su alma en el instante en que se acabaron las briznas- bolitas de magdalena), el mantel se arrugaba y el mango del cuchillo curvo con el que untaba las tostadas de mermelada de melocotón se convertía en ejecutor, zas, al centro del periódico abierto, zis, el pecho estallando con una puñalada dura que le cortaba la aorta al instante.
Hum, balbuceó él. Y ella, desatenta, volvió a sorber un traguito de su taza todavía templada.
Usted podría escribir ochenta y nueve cuentos cortos
cuando abre el frigorífico. Hablarían del perejil y de media docena de huevos
cóncavos que parasitan durante días en
gélida asamblea. No es extraña tal ocurrencia, el frigorífico suele ser el
polo norte de muchos relatos breves, considerando que los perejiles arrugados
sobre un verso de Rimbaud, se presenten como escenario ideal.
Ochenta y nueve cuentos cortos no son tanto,
narrarían, por decir algo, la vida secreta de los poetas sin sesera, aquellos
cantores que habitan en otra latitud y se consagran a los espíritus del mal, el
sueño irreverente de los decapitados por el cartel de Sinaloa, o la breve
historia de un grupo de abogados cocainómanos convertidos en gang atraca
bancos.
Mejor, la de un grupo de banqueros cocainómanos
convertidos en gang atraca abogacías, quizás en huevos apoyados sobre la
maldita fresquera con olor a perejil.
Los versos más tristes esta noche de Neruda fabrican
telarañas en el depósito de cadáveres….. escritos mínimos frigorizados emanan
del vacío absoluto, de la soledad
explicada por León Felipe “narradores de cuentos, el gusano no se chupa
el caramelo de la cola, no es un cuento, es un sueño que camina”. Acaso a estas
alturas el mismo León Felipe sea un sueño, un gusano, un caramelo.
Especulaciones
sobre brevedad en ochenta y nueve textos chocan con la puerta abierta, ésta
nevera es una morgue casual donde seis huevos cóncavos velan la agonía del
perejil o la triste melodía del saxo de Stan Getz, y usted, tan dispuesto a escribir para dormir
un poco más, (¿dormir y escribir es lo mismo?), intenta cerrar la puerta
escabrosa de gama blanca y volver sobre sus pasos, retroceder hasta el origen
mismo de la letra primera, una capitular agujereada por las espadas de la
razón.
Ochenta y nueve cuentos breves sin sentido,
demenciales, disparatados, llenos de boquetes de fusil.
Comenta Melville en la triste historia del escribiente Bartleby, como andando por la ciudad divisó a un hombre en una ventana. Preso en la tormenta de un rayo feroz, quedó negro y azul, carbonizado, en la misma posición sorprendido. La imagen, espectacular y apocalíptica, estuvo durante horas sujeta a las inclemencias del horrible aguacero que esa tarde agónica había sorprendido a los habitantes de la villa. Y en la llegada de la bonanza, cuando intentaron recomponer el cadáver apoyado en el mirador, aquél se deshizo en cenizas y briznas de carne quemada, cayendo al exterior trozos del cuerpo asado. Recuerdo esto contemplando el rescate de un trabajador muerto en instalaciones de alta tensión, doblado sobre sí mismo y el arnés, morado, espumajoso, descendido desde su infierno particular por los bomberos, directo al furgón mortuorio.
"Un
pinchazo en el pecho acaba despertando al tipo que dormita con los pies sobre
un cojín apoyado en una mesa baja de color caoba. Está tapado con una manta que
le da confort.
En televisión un reportaje sobre koalas y peleas sexuales
marsupiales parpadea en el centro del
comedor con persianas bajadas impidiendo ver las nubes oscuras, cenizas volátiles del volcán que hace una hora ha
entrado en erupción apenas a doscientos kilómetros de allí y que el viento de
poniente mueve, arrastra, extiende.
El
pinchazo en el pecho ha sido una mera reacción muscular, piensa mientras bebe
agua con pastillas ex profeso. A pesar de estar encerrado en casa, el olor a
fragmentos piroclastos, bombas ígneas,
escorias, gases, lapillis, inunda el ambiente. Koalas en televisión arañándose,
comiendo eucaliptos y trepando por los troncos del bosque arrasado.
El
volcán, que sigue expulsando lava cruenta, provoca un auténtico caos en la región. La
desbandada precede al pánico; las autoridades se ven forzadas a disparar contra
revueltas y saqueos. Un corredor marcado por especialistas militares trata de evacuar a la
población. Las emanaciones dificultan cada vez más todo procedimiento.
Cientos de personas caen asfixiadas por las calles. Diáspora de coches y furgonetas equipadas con ropa y
neceser de supervivencia.
Este pinchazo sigue, maldita sea, piensa, así que toma nitroglicerina sublingual
para el angor pectoris, la base de la lengua se pone ácida debido al citrato de
cafeína, siente mucho dolor, antes ya ingirió un betabloqueante.
Un
koala invasor reta al macho alfa y lo muerde casi a muerte, revolcándolo.
Afuera el cielo parece rojo y los disparos lejanos advierten de la algarabía.
Apoyado sobre un cojín reposa con la lengua hinchada, la respiración extraña, dolor
incesante. Definitivamente el fin del mundo comenzó hace un rato."
Un sofá verde vuela sobre un puente rojo con dos tripulantes. Ella es una amazona proveniente de Escitia y él un cuerpo que yace entre sus piernas suaves de azúcar. La guerrera mira el reloj de la mesa, las luces de neón que chirrían tras la luna. Galopa con cuidado al principio y luego acelera hasta sentirse desfallecer. Ahí sostiene la daga afilada; sin más, intenta rebanarle el pescuezo. Ofrecerá esa cabeza a Clonia, a Polemusa, Derinoe, Evandra, Antandra, a Bremusa, Hipótoa, a Harmótoa la de ojos oscuros, Alcibia, Derimaquea, Antíbrota, a Termodosa y su lanza de oro......
Un sofá verde vuela sobre un puente rojo. Poco a poco la amazona, sus gestos y latidos, acaban fundiéndose en la noche, el cuerpo se deshace dentro del cadáver que sostiene entre las piernas con severidad. Azúcar, limón, miel........
Este sueño intranquilo se ha mezclado con el ruido de un rotor de helicóptero. Repasando anoche al renacentista Giovanni Boccaccio, acabé en los ojos de Marpesia... en su presentimiento agónico de sofás y cabalgaduras...
El día se estira elástico. A veces deseo que esas horas no terminen jamás, que el sol implosione y una ola calurosa de fuego arrase todo el hielo que navega en mis venas, icebergs a la deriva del archipiélago de Kerguelen, 4500 km de diámetro sobre la que sobresale una angosta península en forma de «S», proyectada hacia el extremo austral..............
Un sofá verde vulgar e incómodo, apenas horas de guerra sin cuartel. Una amazona.... un cadáver........
He logrado dormir, llevo muchos días sin hacerlo. Los sueños viajan desde no se dónde hasta mi almohada envueltos en celofán. A veces ahogan. Otras se disparatan, guerra sin cuartel. "Estabas en un edificio vacío con el pelo sucio y las uñas manchadas de rojo. Supongo que la sangre goteaba por ellas. En el cielo gris un rayo azul iluminaba la escena: me engullías, cuello roto, venas al aire, carne morada, cianótica". Supongo que son reminiscencias de pabellón hospitalario. Mi diario de batalla sin embargo no refleja esta situación, al contrario, ningún sueño, encefalograma cero adaptado al yogur de medianoche y al sonido de los tubos de ensayo.
Decía Ciorán que la naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual como era de esperar, no ha satisfecho a nadie. Es cierto, la muerte no satisface. Por ejemplo: un ascensor azul conduce hasta maternidad y sin más también a la morgue. Es cuestión de pisos, de clasificaciones, curiosa alegoría: neonatos en incubadoras del ático y fiambres en los frigoríficos del subsótano. Pura insatisfacción.
Afilo la punta del boli. Retorno al mundo de los vivos y al ajetreo cotidiano. Ya saben: todos los pensamientos asemejan los gemidos de una lombriz pisada por los ángeles...... .
La reina del porno se ducha siempre con agua fría. Habla a media voz y odia los focos. A la reina el porno no le gustan medias tintas, así que bebe tinteros completos. Tinta negra indeleble de la china. Pienso estos desbarajustes oyendo el sonido de caravanas en una autopista de infierno mata culebras. La carretera está llena de sierpes que escapan del fuego. Una chicharra huye de mala manera, es posible que cualquier pájaro haya intentado comérsela y, por diferentes cuestiones, pudo huir. Tiene herido el abdomen desde donde asoma un líquido intestinal que será frenesí de otros depredadores. Aún así canta, el aparato estridulatorio situado en los costados resiste tan catastrófica avería.
Mi reina del porno se enfrenta a todos cuando se convierte en mujer pantera. Dice llamarse Irena Dubrovna y arrastra una maldición ancestral, una maldición sujeta al albur de los acontecimientos: devorarme con prontitud.
Sus labios rojos mojados me han destrozado durante la noche. Habla versos del poeta John Donne: " Pero el pecado negro traicionó a la oscuridad infinita, a mi mundo, a ambas partes, y ambas partes deben morir...", ríe, gesticula, salta desde el cabezal a la colcha, por entre las arrugas de la sábana, en el agua del suelo. La reina del porno, una alegoría republicana inimaginable por los sicalípticos, una aberración del confort burgués, un desliz caliente de la muerte, forma parte de mí, intrínseca, inseparable, atornillada por garras de gel afiladas ......